Durante un año y medio, la escritora Natalia Zuazo trabajó en su primer libro, "Guerras de internet". Sabía que la tecnología mutaba constantemente y no debía perder más tiempo.

En ese camino viajó a Las Toninas y redactó en tono de crónica la historia de los cables submarinos que nos conectan a la red. También escribió sobre los dueños de su infraestructura, acerca de su funcionamiento y las guerras económicas y simbólicas que subyacen en internet.

Una lectura que intenta bajar a esa nube de almacenamiento de datos de su pedestal y abrir la pregunta ¿Es el usuario dueño de su información?; ¿El valor de la novedad en la tecnología transforma a sus usuarios en seres acríticos sobre su uso?



—¿Cómo fue la cocina del libro?

— Me interesaba escribir un libro que explicara desde cero cómo funciona internet en su parte técnica, histórica, política y cómo están vinculados esos procesos históricos entre sí para entender qué es lo que está sucediendo y cuáles son los intereses que están en conflicto. Quería comprender a la tecnología en su funcionamiento a través de quiénes la fabrican o modifican cotidianamente.


—    En su nacimiento internet tenía un sesgo democratizador y ahora está dominado por un puñado de empresas…


—  Durante sus inicios era más abierta, de hecho fue pensada como una red colaborativa. Sin embargo creció centralizándose en un conjunto de corporaciones que manejan la información en internet. El software también se concentró en pocas manos, un fenómeno propio de la lógica capitalista.



— ¿Todavía es desigual el acceso a la red?

—  Existe un 60% de la población mundial que no está conectada. En este sentido, el proyecto internet.org de Facebook apunta a ofrecer infraestructura de fibra óptica en países pobres de India y África: naciones donde la conectividad es muy baja. Esto significa pensar a Facebook como sinónimo de internet y entonces esa gente comienza su inclusión digital de manera desigual, con una versión limitada de la red. Debemos ser conscientes de que existen muchos intereses económicos en juego y todo lobby empresarial.


— Y en esta coyuntura  ¿Cuál es la postura de los gobiernos?


—  Por un lado están los gobiernos autoritarios que utilizan internet para vigilar a sus ciudadanos de manera explícita y luego los democráticos que no censuran ni espían a sus pueblos. En América Latina logramos ciertas ventajas, aunque el 98% de nuestra infraestructura todavía pasa por Estado Unidos.


Así las cosas, contamos con autonomía para tomar decisiones tecnológicas propias como por ejemplo la vigencia de la ley Argentina Digital. Internet no puede ser regulada, es perjudicial para su vida, y menos censurarla por cuestiones de copyright;  esto la destruye e internet es el repositorio de la memoria colectiva.



—¿Cuáles son los desafíos que enfrentan sus usuarios?


— En primer lugar aquellos vinculados con el acceso y las herramientas para entrar a internet. Luego está el lenguaje digital, entender cómo funcionan los aparatos y por último comprender que cada plataforma está sujeta a una serie de condiciones que vos aceptás, aplicaciones que decidís descargar y opciones que podés configurar. En todas esas elecciones hay una decisión política.


— Si las tecnologías virtuales están entramadas a nuestra cotidianeidad ¿Somos capaces de pensarlas críticamente?


— Por supuesto, se trata de una educación política que implica tomar una decisión. La tecnología no escapa a la lógica de elegir qué consumimos y de que no se nos impongan las cosas por la publicidad sin preguntarnos cómo y por quién está hecho. El usuario debe saber que tiene opciones, puede ser más autónomo y hasta por ejemplo, cambiar el sistema operativo.

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Guerras de Internet, Natalia Zuazo

Debate, 2015

Ensayo, 320 páginas