Así como el teléfono móvil se convirtió en el mejor aliado de la compra online de servicios y productos al aportar innumerables datos, también en el peor enemigo.

Las aplicaciones pueden saber la localización, si estamos quietos o en movimiento, si nos queda mucha o poca batería, si estamos solos o acompañados, sobre qué hablamos y la antigüedad y precio de nuestro terminal.

El uso de algunos de estos datos y el modo en el que se obtienen están bajo la lupa por las políticas de privacidad.

Varios usuarios de Twitter pusieron en duda la política de tarifas de Uber que cobra de más a los usuarios que tienen poca batería.

La lógica nos dice que un usuario va a aceptar el primer precio que le proponga la aplicación si le queda poca energía en el celular.

A pesar de que la empresa lo niega, lo cierto es que Uber sabe si un usuario tiene baja batería porque la aplicación necesita usar esa información para pasar al modo ahorro de batería.

En otra polémica, los políticos de las islas Canarias, en España, acusan a las aerolíneas de usar la geolocalización para ofrecer vuelos más caros a los residentes. Las compañías aéreas lo niegan.

Desde que un usuario denunciara que Instagram nos escucha para colarnos publicidad relacionada con nuestras conversaciones, no son pocos los que cuentan alguna experiencia con los micrófonos.

Adam Mosseri, jefe de Instagram, negó a la periodista Gayle King que se usen los micrófonos para colocar anuncios a los usuarios.

Asi que a tener cuidado.

 

Fuente: BBC