La investigación, publicada por la revista Science Advances, da cuenta del nuevo cemento creado por especialistas de la Universidad alemana de Konstanz  que tomaron como modelo las espinas de los erizos de mar.

Si bien las espinas de estos animales están hechas principalmente de calcita, un material que por si mismo es muy quebradizo y frágil, la forma- una arquitectura de estilo “pared de ladrillo” de las mismas es lo que hace que sean resistentes. 

Por ello, e imitando a la naturaleza, es que lograron crear un cemento resistente a las fracturas. El equipo de investigación, dirigido por el profesor Helmut Cölfen, sintetizó con éxito el cemento a nivel nanométrico de acuerdo con este “principio de ladrillo y mortero”.

De esta manera, se identificaron macromoléculas que adoptan la función de mortero, fijando los bloques cristalinos entre sí en la escala nanométrica, con los bloques ensamblados de forma ordenada.

“Nuestro cemento, que es significativamente más resistente a las fracturas que cualquier otro que se haya desarrollado hasta ahora, nos proporciona posibilidades de construcción completamente nuevas”, afirmó Cölfen.

Según el estudio, un pilar hecho de este cemento podría construirse con una altura de 8.000 metros (10 veces más alto que el edificio más elevado del mundo), antes de que el material en su base fuera destruido por su peso. La altura es asombrosa si se la compara con el acero normal, que tiene un valor de 250 megapascales, y que solo podía alcanzar los 3.000 metros de altura.

 

El principio rector del estilo "pared de ladrillo" es aplicar capas duras, luego materiales blandos, duros y blandos, siendo éste exactamente el principio que la naturaleza usa para hacer que las espinas de los erizos de mar sean tan resistentes. Cuando se aplica fuerza a la calcita quebradiza, su bloque cristalino se agrieta, pero la energía se transfiere a una capa suave desordenada. En el caso del erizo de mar, este material suave es el carbonato de calcio.

 

“Nuestro objetivo es aprender de la naturaleza”, agregó Helmut Cölfen, galardonado por sus estudios pioneros en el campo de la cristalización con el Premio de la Academia de 2013 de la Academia de Ciencias y Humanidades de Berlín-Brandenburgo, entre otros.

 

EFE