Por Pablo Marchetti | Basta de chicanas. Ni humorístico, ni amarillo, ni superficial: el programa de Lanata es periodístico, muy periodístico, recontra periodístico. Es más, hace honor al título “Periodismo para todos”.
Pablo Marchetti // Jueves 31 de mayo de 2012 | 15:45| Tweet | Resaltar resumen Hacer un comentario Enviar a un compañero/a Imprimir nota Agrandar Texto Reducir Texto |
Puede que no nos guste aquello en que se ha transformado el periodismo. Pero la añoranza de un periodismo mejor que existió y podría volver a existir algún día no debería hacernos perder de vista aquello que el periodismo es. Más allá del voluntarismo que pongamos en ver las cosas de otro modo.
Con la misma resignación con la que un día nos enteramos que los Reyes Magos son los padres, deberíamos dejar de patalear y admitir que hoy el periodismo es Jorge Lanata. Si no fuera así, ¿por qué estoy escribiendo sobre él? ¿Por qué muchos columnistas de este medio kirchnerista hacen fila para escribir sobre él? ¿Y por qué los comentarios de los lectores explotan cada vez que alguien escribe sobre él? ¿Por qué los lunes en todos los programas de radio y televisión se habla del programa de él casi tanto como de fútbol?
Sí, él: Jorge Lanata. Lo nombre igual que la presidenta a Néstor. Porque a esta altura Lanata está por encima de todos, les saca varios cuerpos al resto, es al periodismo lo mismo que Tinelli a la tele. Un monstruo, el number one. El tipo que hizo que el periodismo vuelva a estar ahí arriba, en la consideración de todos, en la cima del rating, en el techo del mundo, más allá de unas goteras por las que se pueden ver las estrellas.
Como Tinelli, Lanata se expone a ser el más odiado. El tipo se inmola con tal de que todos hablen de él. Lo que quiere Lanata es llevar al periodismo al lugar que alguna vez tuvo con Bernardo Neustadt. O sea, agenda absoluta. Y para eso es necesario que todos (y todas) lo vean.
Como pasaba con Neustadt, a quien mis viejos progres veían religiosamente sólo para decir “mirá que flor de hijo de puta, las cosas que dice”, hoy yo veo a Lanata exactamente para lo mismo.
Aunque no, lo de Lanata es mucho menos obvio. Yo sé que veía a Neustadt (y, más acá, a Hadad) para putearlo. En cambio con Lanata la cosa es más compleja. Tanto por la historia de Lanata como por lo que Lanata hace con esa historia. En principio, Neustadt era mucho más ideológico que Lanata. Neustadt proponía, impulsaba políticas. Con Menem, Neustadt fue usina ideológica porque su discurso siempre había sido privatizador. El tipo siempre representó a un sector económico muy concreto. La “Doña Rosa” de Neustadt fue una excusa para bajarle un discurso muy directo (privatizador, conservador, individualista) a la señora de su casa. Que es una forma de decir “al pueblo”.
Lanata, en cambio, no tiene ese resto ideológico. Su historia le da una pátina progre que redunda sólo en inimputabilidad para lo que venga. “Yo puedo decir lo que quiero porque yo resistí a los 90, les di cabida a los movimientos de derechos humanos cuando no los quería nadie y les abrí la puerta de mi diario a los parias de este país y este mundo”, parece ser la excusa de Lanata para hacer lo que sea. Y lo que sea es lo que sea.
Mientras Neustadt le proponía a Doña Rosa un “mire, Doña Rosa, las cosas en el país son así, pero podrían ser de otra manera si privatizamos”, lo de Lanata resulta mucho más condescendiente: “Tiene razón, Doña Rosa, usted siempre tiene razón. Los políticos son todos unos chorros que quieren vivir a costa de la gente honesta como usted o como yo”, parece decir.
Sí, todos chorros. Y chorras. Es que el discurso de Jorge Lanata es la apoteosis de la antipolítica. No hay más que tomar el título de su programa. Hay en “Periodismo Para Todos” una doble chicana. Una, a la productora para la que estoy escribiendo, PPT, usina del evangelio de los medios K: 6,7,8. Todo bien, ese es un buen chiste de Lanata.
Pero la chicana del PPT lanatiano es doble. “Periodismo Para Todos (y Todas)” es el título completo del programa. Y ahí el chiste implica a uno de los aspectos positivos de este Gobierno en general y del discurso de la presidenta en particular. Una de esas cosas que cualquiera a quien más o menos le interese la política de verdad debería reconocer en la Presidenta, sea K o anti K.
El asunto merece una explicación: particularmente no creo que la presidenta sea una abanderada en cuestiones de género. Su permanente oposición al aborto es uno de los puntos más claros de esto. Pero hay dos gestos que en otro contexto podrían resultar menores pero en esta realidad chata resultan vitales.
Uno es precisamente el hecho de tener una presidenta mujer. Mientras en los medios los ejemplos de mujeres exitosas se reducen a alguna actriz, alguna periodista y muchos gatos que buscan fama, no está mal que las chicas víctimas del machismo y la violencia de género vean que la única salida no es el botinerismo escandaloso, sino que también pueden ser como la presidenta. Una presidenta lúcida que, nos guste o no, está allí porque hace bien su trabajo. Tanto que puede dar larguísimos discursos hablando de muchísimos temas y hacerlo con gran autoridad, inteligencia y convicción.
El otro punto importante es el “todos y todas” con que la presidenta se refiere a la población. Insisto, no veo a la presidenta como abanderada de cuestiones de género, ni mucho menos. Pero el “todos y todas” es una incorporación fundamental al habla cotidiana. Y eso sólo lo puede hacer alguien muy popular. En la Argentina, sólo Tinelli, Mirtha Legrand, Susana Giménez, Maradona o… la presidenta de la Nación. Y es todo un gesto político que sea la presidenta quien pique en punta en este tema.
Obviamente, burlarse de eso es un signo de que el asunto del “todos y todas” prendió. Pero en el caso de Lanata, burlarse de eso significa pegar por lo que sea, como sea. En ese sentido, Lanata se parece a Nik, que pega sin medir en dónde pega. Se burla porque sí, de la manera más pedorra, porque encima los chistes son pésimos y muchas veces choreados. La comparación, obviamente, no le hace bien al Lanata que pretende ser gracioso. Pero insisto en que lo de Lanata es periodismo. El problema es qué periodismo y en qué se transformó el periodismo.
Lo de “todos y todas” es el ejemplo más claro de que Lanata no mide las cosas, como si lo hacía Neustadt. Por eso las similitudes con Neustadt terminan ahí. Si Neustadt encontraba su correlato político en Menem (y en Alsogaray, y en Cavallo, y siguen las firmas), lo de Lanata es más difuso. En realidad, no me parece casualidad que hace algún tiempo quien le haya ofrecido ser candidato haya sido Elisa Carrió.
El paralelo entre Lanata y Carrió resulta una tentación cuando se mira la voluminosa anatomía tanto del periodista como de la diputada. Pero más allá del chiste fácil (que lo descarto porque es tan malo que podría ser digno de Lanata o de Nik) los parecidos son muchos y bastante más complejos.
El año pasado, luego de una elección presidencial bochornosa de Carrió (en la que quedó última, por debajo de Jorge Altamira), Mario Wainfeld arriesgó en su columna en Duro De Domar una teoría que calificó como “delirante”, pero que a mí no me pareció tanto. Allí Mario se preguntaba qué pasaría si Carrió fuera un topo kirchnerista, una doble agente puesta por el oficialismo para ponerse al hombro a la oposición y mandarla al abismo.
Mario aclaró que esto era imposible, pero agregó: “Si fuera así, diría que su trabajo fue impecable, que no podría haberlo hecho mejor”. Y creo que con Lanata pasa algo parecido. Por un lado, porque la apuesta de Lanata es la antipolítica en su versión más rabiosa. Algo que en los 90, con Menem, podía funcionar. El periodismo era entonces algo así como la reserva moral del país, el lugar desde donde se disparaba contra una clase política infumable.
Hoy la situación no es la misma. No quiero caer en el lugar común decir que este Gobierno impulsó el debate político. En todo caso creo que este Gobierno supo leer bien lo que era un signo de época tras el derrumbe de 2001. Hoy no estamos en los 90, por más que haya muchos protagonistas idénticos. Ni siquiera estamos en los 90 porque a veces las políticas no son tan diferentes como nos hacen creer que son.
No, la diferencia con los 90 es sustancial y cultural: hoy la política sí es una herramienta de cambio. Eso cuenta tanto para oficialistas como para opositores. Un ejemplo: hoy los movimientos sociales, que en los 90 descreían de todo, están dentro de estructuras políticas con amplia representación electoral. Sea el Frente para la Victoria, el Frente Amplio Progresista o el Frente de Izquierda de los Trabajadores. Y esas estructuras políticas electorales contienen esos reclamos, por más radicalizados que sean.
Para Lanata, por el contrario, nada cambió. Pero lo más curioso es la poca relevancia de las denuncias que se presentan en su programa. El mejor informe que se presentó hasta el momento (el del Sarmiento y los desastres de TBA con la inocultable complicidad del Gobierno Nacional, desde Schiavi a De Vido, pasando por Jaime) tuvo que esperar un domingo para salir al aire. Sí, Lanata priorizó el “queremos preguntar”, con las pedorrísimas participaciones de algunos periodistas respetables junto a otros impresentables, por sobre el Sarmiento.
El informe del Sarmiento tenía todo: negociados, servicio pésimo, gente harta con ganas de destrozar todo, funcionarios implicados y el broche de actualidad de una tragedia anunciadísima que dejó, hace apenas tres meses, 51 muertos en el corazón de la ciudad de Buenos Aires. Sin embargo, Lanata prefierió poner al aire a un montón de periodistas indignados por una pelotudez gigante.
Insisto, no quiero caer en pegarle a Lanata ni por “humorista” ni por estar en el canal de Magnetto. Lo que me llama la atención es el bleuff que son sus “investigaciones” y lo mojada que está la pólvora de su pirotecnia. Y, como me pasa con Carrió, me pregunto si Lanata no será también un doble agente.
No, no estoy pensando en un pacto Lanata-Gobierno. Digo que con su afán por figurar, por tener rating, por hacer que todos hablemos de él, Lanata no estará haciendo lo que más le conviene al Gobierno. Porque convengamos que hay muchas medidas del Ejecutivo que generan fisuras en la tropa propia. La base del Comando Sur del Ejército de los Estados Unidos que se acaba de instalar en el Chaco, por ejemplo.
Esto no debe caerle bien a muchísimos kirchneristas. De hecho, en la multitudinaria marcha del 25 de mayo en Resistencia contra la base militar marcharon varios referentes kirchneristas, desencantados con las promesas incumplidas del gobernador Jorge Capitanich. Y las mejores notas periodísticas sobre el tema las escribió Walter Goobar y las publicó Tiempo Argentino.
Por no hablar del aumento del costo de vida, algo que afecta directamente el bolsillo y el humor cotididiano de millones de argentinos. ¿Por qué hablar de Boudou cuando aumenta la yerba? No lo entiendo. Esos temas pesados (como las maniobras militares norteamericanas en tierra argentina) a Lanata parecen no interesarles. Él prefiere el cotillón pavo de Angola, el chiste berrata con Boudou o el narcisimo periodístico del “queremos preguntar”.
¿No le conviene al Gobierno que el programa periodístico más visto en la Argentina en los últimos tiempos hable de boludeces en lugar de meter el dedo en la llaga? ¿No le conviene que ese programa cierre filas en la tropa propia y no abra unas grietas que existen y no son menores? ¿No es para celebrar que, encima, ese programa no aliente ninguna otra opción política sino que apele al “son todos una bosta”, sabiendo que frente a esa consigna el que gana el oficialismo, si no hace las cosas del todo mal?
Me imagino a los funcionarios nacionales reunidos los domingos a la noche, celebrando cada humorada del gran periodista argentino. Imagino que alguno debe pensar que el PPT de Lanata resulta la frutilla del postre de una política de medios magistral. Que jamás nadie se imaginó que el periodismo podría transformarse en eso. Que cuando apostaron por 6,7,8 jamás pensaron que las cosas podían salir tan bien. Y que si el punto máximo de la contraofensiva clarinista es Lanata, el triunfo oficialista en la batalla cultural resulta definitivo. Por más que Lanata putee. O precisamente por eso.
Mientras Lanata enciende un pucho tras otro cada domingo en Canal 13 para hablar pestes del Gobierno, queda claro quién se fuma a quién. Y también queda claro que cada uno de esos puchos se enciende con fuego amigo.
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