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¡Dale nomás!¡Dale que va!¡Que allá en el horno nos vamo a encontrar!, escribió Enrique Santos Discépolo; y qué tendrá que ver ello con los asuntos y tráficos habituales de este bodegón de letras, y dicho sea de paso cuánto hace que no tomo una, como esas que preparaba mi abuelo, con muchas a y b, vaya a saber uno por qué en el almacén de barrio el frasco de fideos soperos era tan amarrete con el alfabeto; en caldo de gallina y verduras con deslumbrantes cantidades de provolone rallado, que esa era la receta del viejo cocinero de la familia.

Basta de verso. Lo de “Cambalache” viene cuento de la palabra horno, ya que nunca se los conté pero cuando hace ya algunos años escribí el librito “Los sabores del tango”, para rastrear y dejar testimonio acerca de cómo la poética tanguera refleja y narra los hábitos del comer popular de los porteños, y me animo a decir que de los argentinos todos, y el de los rioplatenses, no tuve más remedio que acudir a los que saben y así me anoticié de un recurso que se denomina préstamo lingüístico.

La técnica consiste en tomar nota de las palabras y expresiones de determinado campo semántico para ser utilizados en otro. Por ejemplo, y aquí de paso intento aclarar lo del título: existe un viejo tango que, fiel a su origen, para ser discretos dizque picaresco, dice algo así como que “unos breteles finos le sujetaban a ella el estofado”; ¿queda claro no?

Pues bien, desde la óptica del llamado préstamo lingüístico podemos afirmar que estamos ante un ejemplo de cómo la poética tanguera da cuenta de un plato popular de la cocina nuestra, que la semana pasada me atreví a explicarles por qué se me ocurrió bautizarla cocoliche. Y me acuerdo aquí, otra vez, del rey de los estofados; sí, mi mismo abuelo: piantaba temprano para la feria, para conseguir la mejor y más barata carnaza y los más verdes que te quiero verde – y eso que el viejo ni idea tenía sobre García Lorca-; una vez llegado a la casa, descendía los escalones de su sótano-templo, porque allí el hombre escondía sus especias, por no hablar de salames y otras riquezas del hacer casero (era tano, ya se habrán dado cuenta). Cuando el estofado milagroso estaba a punto, después de no me acuerdo cuántas horas de fuego lento, y pese a que solía fungir de ayudante, él le metía mano entonces a la pasta. En fin.

Ya sé que alguno va a decir o pensar, che Ducrot ¿no tuviste mejor idea que pedir prestada la palabra horno a Discépolo, cuando es evidente a qué horno el se refirió, poco festivo por cierto?

No, lo siento; no tuve mejor idea. Pensemos entonces en el horno en general, que viene de forno, de la cual deriva “hacer el amor”, porque allí los viejos cuocos se emparentaban, bien al abrigo de las frías nieves exteriores; o en el de lo pibes que cuando todo se desbarranca te dicen ¡Uy estás en el horno!.

Ni allá nos vamos a encontrar, ni nada se desbarranca, ¡qué se va a desbarrancar si recién empieza lo mejor, porque aquí está ella al frente, la gran morocha argentina; como le digo yo a la presi, que se entienda, con todo respeto.

Entonces vuelvo al horno, aunque por esta patria y a esta altura del almanaque, ma’ que frías nieves del exterior. Encendédlo entonces en vuestras casas, para darle forma a un platillo sencillo, casi dama  compañía para un asado por ejemplo.

Corten con ternura varias berenjenas salerosas y ya que estamos de sal espárzanla a ella sobre las rodajas que hayan obtenido, que sean mas bien a lo Fernando Botero, gruesitas, más pimienta, ají molido y un algo de pimentón dulce, con su chorro de aceite de oliva; y ¡al horno pato!

Más tarde, y a no aflojar, aplicar el mismo procedimiento, y con las mismas enamoradas manos, pero al medio y medio, como se llama el glorioso chupi de los uruguayos, sobre unos cuantos zapallitos redondos, los que, dicho sea de paso, son oriundos de estas tierras sobre la cuales los charrúas se morfaron a Solís, ¿se acuerdan? Aceite de oliva otra vez, sal y pimienta, y tomillo fresco. Y ¡al horno pato! (segunda parte).

Y nada de préstamos de palabras, mejor dicho todo lo contrario. Simplemente una berenjenas y unos zapallitos al forno, ¡ja ja! Nacionales y populares. Allá nos vamo a encontrar.



El Ruso  |  27-12-2011 22:32:07

Che, todo bien, pero están levantando columnas de Telam, y ni siquiera citan la fuente? Qué feo

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yase sabe  |  08-01-2012 11:02:01

Tubiornontubi el supongo indica culpa y proceso judicial a Lanata? sobreseimiento a Macri (ya condenado por las no cloacas de Morón) y tantos chistes en la isla de La Tortuga. Cuando van a dar un debate serio en vez de tirar fosforitos pirotécnicos ?

Diana  |  31-12-2011 14:29:33

Lo que dice el ruso es que tenemos la obligación moral de citar las fuentes. Supongo que legal también. Se está refiriendo a esto: http://ducrot.telam.com.ar/, que es parte de http://blogs.telam.com.ar/

pepeberenjena  |  21-12-2011 14:24:16

La papa forno calabresa: fuente de horno;capa de rebanadas de papa parejas; orégano; capa de rodajas de tomate, orégano aceite... capa de.. capa de (asigún los famélicos) y ¡Al horno! Y a chuparse los dedos: sano bueno barato.. tano ¡Me encanta como se contruyen los mitos! ¡No me estoy quejando! Fornicar... Ponerla en el horno... aunque horno viene de furnus que viene de fornax:(la forma del horno romano) y fornicar viene de fornicare que viene de Fornix -icis (las bóvedas en las cuales las prostitutas ejercian su oficio con sus clientes o fornicarios..) me gustó la receta... y ya la estoy poniendo

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carolina  |  09-01-2012 08:49:03

Qué graaande Pepe!, gracias por la explicación. Me encantó.