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El debate que debate no golpea

Orlando Barone // Miércoles 22 de agosto de 2012 | 14:47
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Debate quiere decir “controversia sobre una cosa entre dos o más personas”.Quiere decir: contienda, lucha, combate. Su origen latino es “batûere” que significa golpear. Acaso por esto en el siglo dieciocho la escritora de “Mujercitas”, Louise M. Alcott decía que el “debate es masculino”. Se supone que ya no, que es multigénero. Debatir quiere decir “altercar, contender, discutir”. Nada que ver con pacificar o calmar. Antónimos- o sea opuestos- de “debate” son: acuerdo y avenencia. La avenencia entre el negro y el blanco es el gris. O entre el calor y los hielos es el derretimiento del hielo. No hay acuerdo entre Dios y el Diablo, ni entre inclusión y exclusión.

 

Sinónimos de debate son: disputa y controversia. Con los grupos mediáticos dominantes no se aviene, se combate. Porque a ellos el único debate que les importa es aquel que hace claudicar al contrincante. A la Ley de Medios.

 

Un debate puede ser chirle, gaseoso, obvio y previsible. O largo sin causa justificada por la escasez de sustancia. O también puede ser sorprendente, tenso, ríspido y de suspenso. Ante un debate entre personas antagónicas el público puede favorecer a una o a otra y ese favoritismo ya es previo al debate; rara vez alguien cambia de opinión aunque su favorito no lleve la mejor parte. El público además puede quedar indiferente, aburrirse, desganarse. Y los contendientes convertir a la contienda en un intercambio desapasionado. Desodorizado y climatizado. Dicen que el pintor Braque decía que “amaba la razón que corregía la emoción”. Su colega Juan Gris decía lo contrario: “Que amaba la emoción que corregía la razón”. Los ortodoxos se adhieren a lo primero, los heterodoxos a lo segundo. Los fu y los fa o los ni fu ni fa, aman la razón del debate.

 

Sería erróneo y malicioso atribuir a dos sujetos notorios o notables que debaten, la representación de todo su partido político, de todo un modelo económico y de todas las mayorías sociales; ya que no se trata de representantes olímpicos elegidos en una puja entre los mejores. Se trata de debatidores escogidos con arbitrio mediático y entre aquellos –pocos o muchos- que acceden al debate.

 

Volvamos a los orígenes de la palabra: golpear. Un debate donde los que confrontan no sienten ni se quejan de ningún golpe hace sospechar palabras acolchadas. O  el uso de anestesia.

 



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