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El nacionalismo al palo
Por Hernán López Echagüe *
En todo esta maquinaria de salsa malvinera que el gobierno echó a
andar, hay mucho énfasis, mucha retórica, mucha apelación a
sentimientos oscuros con el propósito de conmover, de crear en la
opinión pública la necesidad casi imperiosa de entregarse a debatir,
pensar, cavilar y, por sobre todas las cosas, gastar tiempo y energía
en asuntos menores y de ese modo eludir los mayores. O, como mejor lo
dijo Juan José Saer, con el ánimo de excitarla al baile con “la
melodía con la que más frecuentemente se la incita a bailar: el
nacionalismo”. Una música de mierda que sólo puede desparramar más
mierda. Lo sabemos.
Los medios de comunicación, de uno y otro lado, porque ya hemos visto que existe el uno y el otro lado, ejecutan la partitura. Los oficialistas, porque su patria está en juego; los opositores, porque su patria también está en juego. ¿Qué patria? Una sinfonía nacionalista que hace a un lado cuestiones un poco más sustantivas, como, por caso, el tema de la minería a cielo abierto. O la represión a los locos que se oponen a la entrega de los bienes naturales. ¿De qué patria me hablan? ¿Qué diablos es la patria para los unos y los otros? Una papilla de cosas. Y, en el medio, hay muchos otros que no mencionan la bendita palabra patria cada dos minutos y al menos se enojan y exigen y pelean por conservar el lugar en el que han nacido.
Quien sabe, poraí, defienden su infancia. Que, quizá, es la mejor definición de patria que he escuchado o leído. Todos los exiliados durante la dictadura que resolvimos regresar a la Argentina, no lo hicimos por un sentimiento de compromiso con uno u otro gobierno. Lo hicimos porque acá nos criamos, acá jugamos a las escondidas, a la payana, al elástico, al fútbol en la calle; acá jugamos, de manera muy seria, como suele hacerlo cualquier pibe, a cambiar el mundo. Un juego jodido, desde luego, porque en eso nos iba la vida y el definitivo chau a la rayuela.
Samuel Johnson decía que la patria, en tanto que abstracción, es el último refugio del sinvergüenza. Y sí, lo es. Lo sabemos. Videla hablaba de la patria, rezaba por la patria, ordenaba secuestros, torturas y asesinatos en nombre de la patria.
El día 28 de junio de 1976, el nuncio apostólico Pío Laghi visitó a las tropas acantonadas en la región de Concepción, provincia de Tucumán, y pronunció un breve discurso: “El país tiene una ideología tradicional, y cuando alguien pretende imponer otro ideario diferente y extraño la Nación reacciona como un organismo con anticuerpos frente a los gérmenes, generándose así la violencia. Pero nunca la violencia es justa y tampoco la justicia tiene que ser violenta; sin embargo, en ciertas situaciones, la autodefensa exige tomar determinadas actitudes, y en este caso habrá que respetar el derecho hasta donde se pueda (...) Los soldados cumplen con el deber prioritario de amar a Dios y a la patria que está en peligro (...) Hay invasión de ideas que ponen en peligro los valores fundamentales. Esto provoca una situación de emergencia y en esas circunstancias es aplicable el pensamiento de Santo Tomás de Aquino, que enseña que en tales casos el amor a la patria se equipara al amor a Dios”.
Ahora, una vez más, nos quieren hacer creer que la patria es un lugar puro e inequívoco al que todos pertenecemos, y al que todos debemos defender y honrar por la sencilla razón de haber nacido en una porción de tierra que ha sido delimitada a fuerza de guerras, entregas y negocios. Y que esa patria está en peligro. Continúo preguntándome qué patria y qué cuernos es la patria. Mi patria no es la patria de Videla, pero entiendo y acepto que él tenga la suya. Mi patria no es la patria de Cristina Kirchner, pero entiendo y acepto que ella tenga la suya. Mi patria tampoco es la de mis hijos, pero entiendo y acepto y celebro que ellos tengan la suya. El sentimiento de patria, de pertenencia, de raíces, de recuerdos, de formación y dichas y desdichas, es asunto de la esfera privada de las personas.
El cultivo del nacionalismo en la opinión pública a partir de una determinada reivindicación, aunque a primera vista suene justa, es por completo nocivo. Crea y aviva un sentimiento que con el correr del tiempo no será pasible de conducción, de moderación. El nacionalismo se dispara hacia todas partes en el momento menos pensado. No hay nacionalismo, que yo recuerde, que no termine devorándose a los que lo predican. El nacionalismo conduce a la ceguera, a la prepotencia, a la petulancia, y no hace más que convertir al nacionalista rabioso en un tipo que discrimina, persigue, censura, delata y aborrece al otro.
Este falso y oportuno sentimiento malvinero que promueven el gobierno y todos sus medios de comunicación, no está logrando más que resucitar el humus nacionalista que supo sembrar la dictadura en 1982. Amasijo de reacciones, sensaciones y palabras que, por lo visto, nunca nadie nunca consiguió mitigar.
La profesión del amor a la patria, a una patria desprovista de raíces ideológicas o al menos ligeramente bebidas, es una coartada muy ingeniosa para sortear la ausencia de carácter, de temperamento, de compromiso de veras con las cosas que, bueno, lo acepto, quizá, pero muy poquito quizá, tienen en realidad algo de patriótico.
Me voy, una vez más, con Saer:
“Del lugar en que nacemos no brota ningún efluvio telúrico que nos transforme automáticamente en deudores. No hay ni lugar ni acontecimiento predestinados: nuestro nacimiento es pura casualidad. Que de esa casualidad se deduzca un aluvión de deberes me parece perfectamente absurdo”.
* Va, como siempre, y por las dudas, una pertinente aclaración al lector:
El autor de este artículo cree oportuno aclarar que no tiene militancia partidaria. Que tanto abatimiento le causan los arrebatos de 6,7,8, El Argentino, Página/12 y Miradas al Sur, como los arrebatos de La Nación, Clarín, Perfil, Noticias y demás. Simplemente pretende contar o decir algo y que no lo encasillen.

En todo esta maquinaria de salsa malvinera que el gobierno echó aandar, hay mucho énfasis, mucha retórica, mucha apelación asentimientos oscuros con el propósito de conmover, de crear en laopinión pública la necesidad casi imperiosa de entregarse a debatir,pensar, cavilar y, por sobre todas las cosas, gastar tiempo y energíaen asuntos menores y de ese modo eludir los mayores. O, como mejor lodijo Juan José Saer, con el ánimo de excitarla al baile con “lamelodía con la que más frecuentemente se la incita a bailar: elnacionalismo”. Una música de mierda que sólo puede desparramar másmierda. Lo sabemos.

 

Los medios de comunicación, de uno y otro lado, porque ya hemos visto que existe el uno y el otro lado, ejecutan la partitura. Los oficialistas, porque su patria está en juego; los opositores, porque su patria también está en juego. ¿Qué patria? Una sinfonía nacionalista que hace a un lado cuestiones un poco más sustantivas, como, por caso, el tema de la minería a cielo abierto. O la represión a los locos que se oponen a la entrega de los bienes naturales. ¿De qué patria me hablan? ¿Qué diablos es la patria para los unos y los otros? Una papilla de cosas. Y, en el medio, hay muchos otros que no mencionan la bendita palabra patria cada dos minutos y al menos se enojan y exigen y pelean por conservar el lugar en el que han nacido.Quien sabe, poraí, defienden su infancia. Que, quizá, es la mejor definición de patria que he escuchado o leído. Todos los exiliados durante la dictadura que resolvimos regresar a la Argentina, no lo hicimos por un sentimiento de compromiso con uno u otro gobierno. Lo hicimos porque acá nos criamos, acá jugamos a las escondidas, a la payana, al elástico, al fútbol en la calle; acá jugamos, de manera muy seria, como suele hacerlo cualquier pibe, a cambiar el mundo. Un juego jodido, desde luego, porque en eso nos iba la vida y el definitivo chau a la rayuela.

 

Samuel Johnson decía que la patria, en tanto que abstracción, es el último refugio del sinvergüenza. Y sí, lo es. Lo sabemos. Videla hablaba de la patria, rezaba por la patria, ordenaba secuestros, torturas y asesinatos en nombre de la patria.

 

El día 28 de junio de 1976, el nuncio apostólico Pío Laghi visitó a las tropas acantonadas en la región de Concepción, provincia de Tucumán, y pronunció un breve discurso: “El país tiene una ideología tradicional, y cuando alguien pretende imponer otro ideario diferente y extraño la Nación reacciona como un organismo con anticuerpos frente a los gérmenes, generándose así la violencia. Pero nunca la violencia es justa y tampoco la justicia tiene que ser violenta; sin embargo, en ciertas situaciones, la autodefensa exige tomar determinadas actitudes, y en este caso habrá que respetar el derecho hasta donde se pueda (...) Los soldados cumplen con el deber prioritario de amar a Dios y a la patria que está en peligro (...) Hay invasión de ideas que ponen en peligro los valores fundamentales. Esto provoca una situación de emergencia y en esas circunstancias es aplicable el pensamiento de Santo Tomás de Aquino, que enseña que en tales casos el amor a la patria se equipara al amor a Dios”.


Ahora, una vez más, nos quieren hacer creer que la patria es un lugar puro e inequívoco al que todos pertenecemos, y al que todos debemos defender y honrar por la sencilla razón de haber nacido en una porción de tierra que ha sido delimitada a fuerza de guerras, entregas y negocios. Y que esa patria está en peligro. Continúo preguntándome qué patria y qué cuernos es la patria. Mi patria no es la patria de Videla, pero entiendo y acepto que él tenga la suya. Mi patria no es la patria de Cristina Kirchner, pero entiendo y acepto que ella tenga la suya. Mi patria tampoco es la de mis hijos, pero entiendo y acepto y celebro que ellos tengan la suya. El sentimiento de patria, de pertenencia, de raíces, de recuerdos, de formación y dichas y desdichas, es asunto de la esfera privada de las personas.


El cultivo del nacionalismo en la opinión pública a partir de una determinada reivindicación, aunque a primera vista suene justa, es por completo nocivo. Crea y aviva un sentimiento que con el correr del tiempo no será pasible de conducción, de moderación. El nacionalismo se dispara hacia todas partes en el momento menos pensado. No hay nacionalismo, que yo recuerde, que no termine devorándose a los que lo predican. El nacionalismo conduce a la ceguera, a la prepotencia, a la petulancia, y no hace más que convertir al nacionalista rabioso en un tipo que discrimina, persigue, censura, delata y aborrece al otro.

 

Este falso y oportuno sentimiento malvinero que promueven el gobierno y todos sus medios de comunicación, no está logrando más que resucitar el humus nacionalista que supo sembrar la dictadura en 1982. Amasijo de reacciones, sensaciones y palabras que, por lo visto, nunca nadie nunca consiguió mitigar.


La profesión del amor a la patria, a una patria desprovista de raíces ideológicas o al menos ligeramente bebidas, es una coartada muy ingeniosa para sortear la ausencia de carácter, de temperamento, de compromiso de veras con las cosas que, bueno, lo acepto, quizá, pero muy poquito quizá, tienen en realidad algo de patriótico.
Me voy, una vez más, con Saer:


“Del lugar en que nacemos no brota ningún efluvio telúrico que nos transforme automáticamente en deudores. No hay ni lugar ni acontecimiento predestinados: nuestro nacimiento es pura casualidad. Que de esa casualidad se deduzca un aluvión de deberes me parece perfectamente absurdo”.


* Va, como siempre, y por las dudas, una pertinente aclaración al lector:
El autor de este artículo cree oportuno aclarar que no tiene militancia partidaria. Que tanto abatimiento le causan los arrebatos de 6,7,8, El Argentino, Página/12 y Miradas al Sur, como los arrebatos de La Nación, Clarín, Perfil, Noticias y demás. Simplemente pretende contar o decir algo y que no lo encasillen.



francisco  |  12-04-2012 00:37:17

no se porque lo apalean a echague alguien que se jugo contra la mafia pesada de duhalde.Cumpas tenemos que ser militantes pensantes no se enojen

Responder

insensato  |  27-03-2012 21:43:50

¿Acaso creíste Hernán, que por cruzar el charco, de la patria escaparías? de la patria no se huye, como de la muerte.Patria grande latinoamericana!

Responder

Hugo  |  22-03-2012 09:10:17

Hernán, querido, lo tuyo no son mas que mariconerías de un nene malcriado. En ese mensaje alambicado al divino botón, mezclás todo: patriotismo con nazismo, sentimientos con sensibilidad barata. Pero lo peor de todo es que mezclás Pág.12 con Clarín, 678 con La Nación. No entendés nada, mejor volvé a tu retiro en el Uruguay.

Responder

Medi Tabunda  |  19-03-2012 00:09:50

La patria es un refugio un lugar mio un lugar en mi corazon y en mi planeta un lugar donde me reconozco y me reconocen donde no tengo que traducir códigos culturales todo el tiempo La patria es nuestro lugar Es el territorio y el inconciente colectivo La patria es un lugar en el mundo

Responder

Hugo  |  22-03-2012 08:55:01

Para Medi : PERFECTO,EXACTO, PRECISO. Nada más que agregar.

ciberbebeto  |  13-03-2012 15:10:01

Mucho ruido y pocas nueces ... HLE, si no sabes que es la patria, leete a vos mismo "Todos los exiliados durante la dictadura que resolvimos regresar a la Argentina, no lo hicimos por un sentimiento de compromiso con uno u otro gobierno. Lo hicimos porque acá nos criamos, acá jugamos a las escondidas, a la payana, al elástico, al fútbol en la calle; acá jugamos, de manera muy seria, como suele hacerlo cualquier pibe, a cambiar el mundo. " ... retorica, mucha retorica y poco contenido ...

Responder

Raúl K  |  08-03-2012 14:26:22

Estimados compatriotas, tal vez esté equivocado pero me parece que "patria" deviene de la palabra "pater" que quiere decir padre/s y en este caso nuestra patria sería en la que están, vivos o enterrados, nuestros padres, que tiene de malo tener un sentimiento de cariño por el lugar donde yacen nuestros antepasados ? Si bién es un hecho cultural (o sea un invento) no tiene nada de malo. En cuanto a hablar del nacionalismo o nazionalismo me parece que es desviar la atención de una realidad que es la usurpación de un territorio y con eso (lo mas importante) sus recursos naturales y estratégicos. Para los cuales ya no interesan los sentimientos patrióticos que uno tenga, solo es una cuestión de dinero y poder.

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bochi  |  08-03-2012 16:31:14

La mejor definición por lo sintáctica y redonda , para mi, la da, creo que Sartre," la patria es la tierra y sus muertos".-

Javier Flores  |  28-02-2012 21:07:28

¿El autor de esta nota es el que inventó que le habian pegado en el época de Menem, e inmediatamente sacó un libro? ¿O sacó el libro y como no lo compraba nadie, inventó lo de la golpiza?

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curita  |  08-03-2012 16:39:29

Cuando lo concocí, Duhalde era un bañero lenguaraz y radical. Poco después se recibió de abogado y fue concejal por esa fuerza. Aunque perdió las elecciones, gracias a sus patrones del Proceso nazi llegó a intendente de lomas de zamora y acompaño a Menem en la fórmula que trajo otra vez el plan económico de martinez de hoz. fue el amo y señor del puerto franco de la isla martín garcía y la dea yanqui lo fotografió en un barco con los contrabandistas de drogas del Perú. los contrabandistas en cana, el cabezón a joder con la política. Va a morir como estomba en un loquero, tal vez ustedes también.-

Esteban Barboza  |  06-03-2012 20:10:56

Sí, Javier, es el mismo. Inventó una agresión, después sacó un libro trucho sobre Duhalde, lo metió en boludeces de narcotráfico, y como un cobarde se rajó a Punta Del Este. Ahí vive en una puta mansión y encima la va de comprometido. Qué se vaya a cagar.

LuisCesarU  |  27-02-2012 06:32:10

Hola Hernán, en muchas notas tuyas que he leído coincido plenamente. En este caso tengo que decirte que, por ejemplo, para el tema de las Islas Malvinas (para mi) patria por defender son los soldados muertos allí por los ingleses, incluídos muy especialmente los que todavía no tienen ni nombre en sus cruces...y lo digo sinceramente sin ningún tipo de chauvinismo ni sentimentalismo, es pensamiento razonado y frio. Un abrazo.

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Mario Pais  |  26-02-2012 14:46:34

También es casualidad nacer de una madre y no de otra cualquiera y esa casualidad nos genera un vinculo imperecedero (salvo deshonrosas excepciones). Es condición humana establecer lazos con personas y lugares y perfeccionarlos a través de el ejercicio ético de vivir en comunidad.

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Ricardo Casares  |  25-02-2012 20:15:03

Hernán está más perdido que turco en la neblina. No sabe ya ni lo que escribe. Parece que el clima en Uruguay le sienta muy mal.

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