En la Plaza de Mayo la historia pasó de nuevo dejando vivos que morirían felices y muertos que viven en nuestra alegría.
Carlos Barragán // Martes 25 de octubre de 2011 | 12:45| Tweet | Resaltar resumen Hacer un comentario Enviar a un compañero/a Imprimir nota Agrandar Texto Reducir Texto |
Una multitud se congresó el domingo en Plaza de Mayo una vez conocida la arrasadora victoria de Cristina.
NUNCA ES TARDE
El domingo cuando terminó 678 salimos corriendo del estudio con Sandra, Galende y mi mujer Marina para ver si agarrábamos aunque sea el último cacho de la Plaza. Con la sensación de ir a un cumpleaños donde ya se habían soplado las velitas, pero esperando que todavía quedaran amigos con quien tomarse algo y reír y compartir un rato. Por suerte así fue, todavía la Plaza estaba por la mitad y bailando y agitando alegría y banderas. Entre la gente se me acercó un hombre que me dijo “ahora sí que me puedo morir tranquilo”, y yo le sonreí por la exageración. Entonces me aclaró “no, te lo digo en serio: ahora me puedo morir tranquilo porque pude ver que logramos cambiar las cosas”. El por qué no es literal, me dijo algo parecido, yo no estaba muy sobrio a esa altura del domingo, ni podía escuchar bien por la música y los cantos, pero lo importante fue esa convicción de morir tranquilo porque había una tarea que estaba hecha.
A VECES ES TARDE
Mientras yo me sacaba los zapatos y amagaba con meter las patas en la fuente y Marina me decía que me dejara de joder, moría Armando el papa de Lele. Lele es uno de los guitarristas de La Púa, un cuarteto de tango que a veces me acompaña cuando me hago el cantor de tangos. Son cuatro enfermos de la guitarra que si el talento se pudiese traducir en monedas serían cuatro millonarios. Lele hizo un arreglo increíble y lindísimo de China de la Mazorca (una cosa vieja que cantaba Corsini) para esas guitarras mágicas y que yo me encapriché en cantar con ellos. A su papá Armando lo conocí hace un par de meses cuando vino a vernos en un teatro y se me acercó para decirme feliz que él también era la mierda oficialista. Un tipo cariñoso y jovial de alrededor de 60 años. Hace unos días perdió el conocimiento, y el domingo murió sin poder festejar lo que nosotros festejamos.
MÁS TARDE
Pienso en Néstor que no vio lo del domingo, en Nicolás Casullo que se perdió casi todo, en Castelo, y en el papá de Lele que era un laburante como tantos otros millones de laburantes argentinos que quieren un país digno. Y pienso en el hombre de la Plaza que me decía muy serio que ahora sí, ya se podía morir tranquilo. Pienso en Cristina diciendo que ya no quiere nada para sí misma y que el paso por la Casa Rosada es temporal y circunstancial. Y en las miles de voces cantando que Néstor no se murió, Néstor vive en el pueblo, la puta madre que lo parió. Y la puta madre que lo parió es porque sí se murió y de alguna manera hay que desquitarse con nuestra maldita condición de mortales. Pero las sociedades no mueren (por lo menos no de un día para el otro), y por eso vivimos en nuestro pueblo, o morimos en su olvido. Y todo esto se canta y se hace música, y Cristina baila feliz y triste por Néstor, y yo medio borracho quiero meter las patas en la fuente, y a Lele que es nuestra música se le muere su padre, y Galende graba con su celular nuestra visita al Cabildo donde vamos a saludar a los fantasmas de viejos patriotas. Y en la noche miro el reloj del Cabildo y me pregunto si está ahí para que sepamos la hora o si está ahí para decirnos que los hombres, las mujeres y los nombres pasan. Y que podemos morir tranquilos si cumplimos con la historia, y que hasta los viejos mueren jóvenes cuando tienen sueños y hacen fuerza para cumplirlos. Entonces miro el reloj del Cabildo con el sonido de algunos bombos al otro lado de la Plaza, bombos de gente que todavía no cumple sus 20 años y pienso que ese reloj nos está dando las mejores horas.
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19:39 | La presidenta Cristina Fernández encabezó el acto en Plaza de Mayo por el Día de la Patria. La mandataria se refirió a las "medidas para la felicidad del pueblo" que se tomaron en esta década de Gobierno y a los ataques permanentes que se orquestaron desde los medios hegemónicos ante cada medida.
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