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El tema principal de la tapa de La Nación de hoy versa sobre el peligro inminente que implica que los jóvenes K sean usuarios de herramientas capaces de poner en jaque al poder corporativo. El problema no son los jóvenes (que siempre fueron, son y serán imberbes), sino el hecho de que dispongan de un cargo con enunciada capacidad de maniobra para hacer palanca en el sector privado. ¿Cómo puede ser que se otorgue a estos jóvenes imberbes estos instrumentos tan sensibles para el libre juego del mercado, en vez de dejarlos en manos de los técnicos ascéticos colocados -no por una mano ideologizada sino- por la pureza divina de una supuesta límpida trayectoria? Dejando a un lado la ironía pero teniendo en cuenta la importancia dada por las corporaciones al tema (pues sino no tiene ningún sentido que se haya elegido esta tapa para este domingo pos gran discurso en José C. Paz), trataré de dar mi ideologizado y subjetivo punto de vista, haciendo -desde ya, aviso- uso y abuso de mi condición de imberbe.

Como ya lo relaté en varios otros post, tengo 35 años y mi “primera juventud” transcurrió en pleno noventismo, alejada y completamente desinteresada del ámbito político. Como muchos, comencé a interesarme, a "tratar de saber de qué se trata", a partir del llamado “conflicto con el campo”. Voy a elipsar en este texto todo lo que ya escribí sobre esta primera etapa de simpatizante kirchnerista -que pueden conocer haciendo clic acá- para pasar al 14 de septiembre de 2010, día en que CFK habló a miles de jóvenes en el Luna Park, en lugar de Néstor Kirchner -que iba a ser el principal orador, como todos recuerdan: “Néstor le habla a la Juventud, la Juventud le habla a Néstor”-. Ese día yo no estaba en el Luna, seguí el discurso por TV y luego lo volví a escuchar acá.

Ahora es cuando voy a decir algo que sé que no será simpático para muchos jóvenes K: al escuchar el discurso sentí que CFK aún no me conocía y claro que no me refiero a mí como individuo sino como generación. Sentí que Cristina habló de ella, de su juventud en aquel tiempo y de lo que su juventud podría haber sido si hubiera tenido el tiempo y espacio de la actualidad. Pero creo que no sólo a ella le pasó esto (ya avisé que hablaba de puro imberbe que soy). Los medios tampoco podían aún comprender la dimensión de lo que ya estaba sucediendo y esto se ve claramente en los titulares del momento. Sé que muchos dirán que con el diario del lunes es fácil decir esto, pero tengo testigos de haber puesto esto en discusión en ese momento, créanme.

Amplío. Si bien ya habían pasado los festejos del Bicentenario, allí el fenómeno fue "el pueblo". En cambio, el “fenómeno de la juventud” fue dimensionado recién a partir de la muerte de Néstor. Pero los jóvenes no salimos por la muerte de Néstor sino que los jóvenes fuimos vistos a partir de ese momento. Y si fuimos vistos es porque estábamos y estábamos re-metidos. ¿Y cómo fue que nos metimos? Fueron las tecnologías de nuestra época las que nos permitieron meternos en la historia... porque es innegable que Néstor y Cristina estaban haciendo algo interesante con la historia, algo que estaba siendo tergiversado en los medios tradicionales de comunicación y que, como háckers del relato mediático, nosotros nos zafamos de sus coordenadas de puro imberbes que somos.

Podría decirse que hasta ese momento nosotros éramos el futuro, pero un futuro que se construía en el presente y esto lo explica claramente mi amiga @lacarancha acá donde dice, en referencia a la materia “construcción de la ciudadanía”, que:
“el problema, ahora, es que el ‘que se vayan todos’ empieza a ser claramente reemplazado por ‘tenemos que participar todos’. Y ese todos incluye a los jóvenes, que mal que les pese, siempre hicieron política y fueron protagonistas de los cambios y movimientos sociales, y eso también les costó ser las principales víctimas del terrorismo de Estado.”

Progresivamente Cristina fue incorporando en su relato la real y actual participación de los jóvenes en la política, defendiendo este proyecto nacional y popular. El 11 de mayo lo explicitó contundentemente:“los jóvenes son - ya no digo la esperanza o el futuro del país - para nosotros no son ningún futuro, los jóvenes para nosotros hoy son el presente, hoy, aquí y ahora”.

Y así es. Los jóvenes somos estos que en el presente, entre tantas otras cosas, cantamos “si la tocan a Cristina qué quilombo se va armar” y también somos estos que tenemos la capacidad de ocupar puestos gubernamentales, con dos “ventajas competitivas” con respecto a los que ya están, como dicen las malas lenguas, “aparateados”: menos ataduras con las mañas que la política arrastra (como dijo el 3 de mayo) y lealtad, porque podemos discutir todo -absolutamente todo- pero de ella para abajo, porque en ella confiamos, porque sentimos que ella es leal y honesta con nosotros al invitarnos a ser parte activa de la historia, porque la escuchamos atentamente el pasado 12 de mayo cuando dijo: "Por eso la lealtad del pueblo, por eso la lealtad de millones de argentinos a un modelo que les devolvió la esperanza y por eso también la incorporación de cientos de miles de jóvenes que no creían en la política, miren qué país hemos construido, del que se vayan todos a miles y miles de jóvenes incorporándose a la política, miren si no hemos hecho cosas".

En síntesis, desde hace rato hay un nuevo actor político que no sólo está construyendo poder (un “poder hacer” concreto), sino que lo hace desde un afuera que es también un adentro. Un afuera que se acerca a un adentro que no sólo lo recibe sino que también, reitero, lo invita. Hernán Brienza, desde Tiempo Argentino, hoy titula “Lealtad, es la palabra” y dice: “La juventud que ayer desafiaba, hoy convoca a la lealtad; los sectores que ayer eran leales, hoy tironean. Irónica paradoja.” Y la paradoja también es la enunciada como título principal de La Nación, pero con otra intención. Porque este diario le está hablando a esos que siempre estuvieron adentro, a esos que quizá (y la duda va por cortesía) están atados a esas cosas de la política (que no son otras cosas que las articulaciones de la política con las corporaciones) y que se “están dejando correr” por estos jóvenes imberbes, porque esta vez no se trata de echar a nadie de ninguna plaza, sino de algunos puestos clave, porque la cruzada mediático corporativa ya no es contra “el Néstor” que no deja actuar a “la presidente”, ni contra “el Moyano” que condiciona a “esta mujer viuda”. No. El monstruo ahora es un sujeto colectivo, un sujeto que se sujeta a la materialidad de cambiar la realidad, un sujeto que se soltó del “no te metás dictatorial” y del “la política es una mugre enunciada noventísticamente”.

Los jóvenes somos el presente. Esto es claro. Y esto ya lo saben. Veamos nosotros de qué somos capaces.

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pepeberenjena  |  18-05-2011 14:21:48

"La Nación" Diario de Lesa Humanidad es una bombacha vieja llena de cascarrias...Sus remanidos comentarios acerca de la libertad de pensamiento y periodismo independiente se dan de bruces contra la PROhibición de que por ejemplo, yo pueda acceder a criticar sus diarreas periodísticas que odorifican sus páginas..Por supuesto que yo obtengo mi pequeña venganza haciendo que los suscriptores del pasquín; o se borren o no reciban sus excrementos.. Ojo por ojo, así deberían hacer los militantes con estos pasquines asquerosos.. impedir su distribución. Si el pensamiento debe ser libre debemos impedir la construcción de cárceles del mismo; como son estos panfletos asquerosos. ¡Yo lo hago! ¡Síganme! Se puede hacer la revolución sin armas.. Hoy basta con pararse frente a los quioskos partidarios y espantar a los PROspectos relatando a viva voz los afanos de la élite pauperizadora y exaccionaria... no los dejan.. empujen

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