El candidato a gobernador de Santa Fe por el PRO, Miguel del Sel, fue denunciado ante el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI), por haber asegurado que buscará que “los negritos se bañen con agua caliente y dejen de manguear”.
Así lo señaló durante su lanzamiento como candidato a gobernador de Sante Fe por el PRO, junto a un sonriente Mauricio Macri y delante de varios militantes y periodistas que en principio festejaron lo que parecía una "humorada".
Sin embargo, no pasaron muchas horas y la denuncia fue elevada ante ese organismo por el secretario general de la Federación de Sindicatos de Trabajadores Municipales de Santa Fe, Claudio Leoni, por entender que esas declaraciones son “discriminatorias y de contenido agraviante sobre la condición de los sectores que aún sufren la exclusión social”.
Leoni explicó que “es evidente que lejos de ser una humorada de baja calidad humana, se trata de expresiones insoportables de quien pretende regir los destinos de nuestra provincia, la cual ha tenido que soportar actos de discriminación económica, social y cultural por los sectores dominantes que dejaron a miles de excluidos con las mismas políticas que el PRO pretende defender”.
Pero, ¿puede resultar esto una novedad para alguien? ¿O el "humor" de Midachi no se centra, en general, en los prejuicios, en los lugares más comunes y chabacanos? ¿No se trata, pues, de reirse cuando aparece un hombre vestido de mujer o, también, de los "putos"? Las imitaciones, que tienden siempre a denostar para alcanzar su efecto (quién quiere ver una imitación perfecta de Mercedes Sosa...), van en el mismo sentido.
No hay ningún tipo de sofisticación en el "humor" de estos personajes porque carecen por completo de genio y agudeza; mejor dicho: no hay humor bien entendido, sino una predisposición involuntaria a expresar lo que piensan, que generalmente está asociado a todo tipo de vulgaridades y prejuicios socialmente enraizados pero que deben ser desterrados.
Por eso, cuando dicen "negrito", que en el lenguaje cotidiano y coloquial puede ser también una expresión de afecto, en boca de ellos suena a todo lo contrario: a perversión del que domina, del "blanco" que, per se, es superior al "negro" porque proviene de una civilización clara y transparente y es la antítesis de la barbarie morena.
Y ello no depende tanto del color (Del Sel no es, por cierto, un teutón) sino del clasismo ramplón, a veces velado y a veces cerril, que sudan los Macri y los macristas por todos los poros. Independientemente del origen étnico y del color de la piel.
Así quedó demostrado, por ejemplo, cuando la toma del Parque Indoamericano. El problema, para el jefe de Gobierno porteño, era que "el país es un colador y cualquiera puede pasar", dijo con relación a los inmigrantes (en la mente de Macri, incluídos en este último ítem los provincianos) que ocupaban el predio.
En efecto, los "cualquiera" -sin nombre ni apellido, sin identidad- eran y son los bolivianos, paraguayos, peruanos y "otros" que ocuparon el parque... Indoamericano. "La Ciudad se nos llena de indios", se le habrán quejado simultáneamente la Michetti y el Rodríguez Larreta.
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