¿Qué es exactamente el miedo? Para la Real Academia Española: 1. Perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario. 2. Recelo o aprensión que alguien tiene de que le suceda algo contrario a lo que desea. Freud dio su definición, Wikipedia la suya. Hay quienes ven el miedo en alguno de los cuadros de la serie “El grito”, del pintor noruego Edvard Munch, otros no.
Hace un tiempo, Stephen King, uno de los escritores que mejor ha manejado el miedo en la literatura (el de los personajes y el de los lectores), le decía al periodista Ian Caddell: “El miedo es un programa de supervivencia. Tal vez te asusten algunas cosas, como avanzar por la línea divisoria de una autopista de noche, o salir en la temporada de caza de Maine. Se está celebrando ahora, y si no llevas puesto nada rojo o naranja, puedes temer que te disparen. Por tanto, creo que es un programa de supervivencia. En las historias que escribo, intento proveer a la gente de pesadillas, que son lugares realmente seguros para poner esos miedos durante un rato porque puedes decirte que, después de todo, es tan sólo ficción. Lo único que haces es sacar tus emociones a pasear. Si se trata de una emoción negativa, es como si ésta fuera una especie de Pit Bull. Aún necesitas cuidarlo y sacarlo a pasear, pero, por lo menos, ahora tienes un sitio al que llevarlo. Eso es lo que estas historias intentan hacer”.
La literatura de terror tuvo y tiene grandes representantes además de King. Desde Edgard Allan Poe o Lovecraft, hasta Mariana Enríquez, la escritora que hoy representa el género en la Argentina.
Pero más allá del género, en la literatura hay otras historias que cuentan el miedo. Por ejemplo, la última novela de Juan Gabriel Vásquez, El ruido de las cosas al caer, que narra el miedo que se instaló en varias generaciones de colombianos a partir de los 70, con el nacimiento del negocio del narcotráfico y sus métodos. Y también narra cómo ese miedo, una vez instalado y aunque las circunstancias hayan cambiado, aparece cada tanto como una alarma que no se puede desactivar. Sobre el final de la novela, Antonio, su protagonista, se hace varias preguntas. Lo hace cuando llega a su departamento, después de días de ausencia sin dar explicaciones, y se da cuenta de que su mujer, Aura, lo dejó llevándose a su hija. Antonio pregunta si será una alternativa ir a buscarla, si esperarla, si guardar silencio. “¿O trataría de convencerla, de sostener que juntos nos defenderíamos mejor del mal del mundo, o que el mundo es un lugar demasiado riesgoso para andar por ahí, solos, sin alguien que nos espere en casa, que se preocupe cuando no llegamos y pueda salir a buscarnos?”.
Susana Trimarco, hace casi diez años, se preocupó y salió a buscar a su hija, Marita Verón. La pesadilla en la que se convirtió su vida no es de las que Stephen King inventa para que podamos “sacar tus emociones a pasear”. Nada de lo que nos viene diciendo Trimarco desde entonces es ficción literaria, lamentablemente. En su declaración del cuarto día del juicio por la desaparición de su hija, aseguró que no le tiene miedo a las mafias que se dedican a la trata de personas y que lo único que quiere es encontrar a su hija. Lo dijo después de dar detalles acerca del secuestro y de su propia investigación que a varios de los que seguimos sus declaraciones gracias a los periodistas tucumanos que tuitean desde la sala (Miguel Velárdez, Gustavo Cobos, Rosalía Cazorla, Celia Nahra) nos hicieron poner la piel de gallina. ¿Qué cosa peor podría pasarle a una madre a la que secuestraron su hija para prostituirla y después de diez años aún no sabe nada de ella, como para que hoy sienta miedo? ¿Cuál podría ser ese riesgo real o imaginario que la detenga?
Sentada a metros de los imputados en la causa, sabiendo que la red no se termina allí sino más arriba, dijo Trimarco: “No sé por qué el pueblo de Tucumán no los enfrenta. Yo los voy a enfrentar, así, bajita, defenderé a mi hija”. Una frase que desarma y que no se le habría ocurrido a muchos escritores de ficción: así, bajita, defenderé a mi hija.
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