Después de leer "Cuerpos sin patrones, resistencias desde las geografías desmesuradas de la carne", un libro de Laura Contrera y Nicolás Cuello que funcionaron como compiladores sobre la gordofobia, me convencí de que quería hacer una nota sobre sexualidad y gordura. 

Porque la gordura es, sin dudas y entre otras cosas, una de las principales enemigas sociales contemporáneas. La etiqueta de "gordita" se apodera de los individuos de manera total y quien padece, disfruta o simplemente le sucede la gordura, pasa a ser un personaje estereotipado, subestimado y discriminado sin posibilidad de salir de ese lugar en el que no entró sino que la pusieron.

Una de las características de nuestro contexto es la cantidad de información que da vueltas sobre nuestra vida cotidiana constantemente. Internet, esa maravillosa y complicada herramienta social tiene y da el poder de que las ideas lleguen a casi cualquier persona. Darle voz, espacio e importancia a voces que jamás fueron escuchadas. Minorías que hoy tienen un lugar y se vuelven mainstream por lo novedoso, lo real, lo empático.

"¿Te estremeces al leer la palabra «gordo»? ¿Te parezco grosera o poco delicada al pronunciarla? En las dos últimas generaciones se ha convertido en una palabra con una carga abrumadora. Cuando aparece en una conversación, la gente se asusta como si sonara una alarma, y despierta un rechazo comprensivo y temeroso: «¡No estás gorda! ¡Por supuesto que no estás gorda! ¡Cariño, no ESTÁS GORDA!», cuando la persona está clara e indiscutiblemente gorda y lo único que quiere es hablar de ello. La mayoría de las veces, sin embargo, se utiliza como un arma para detener en seco una conversación: «Cállate, bruja gorda.» Silencio. La acusación de «gordura» ha reemplazado a insultos como «gay» o «lesbiana» en lugares como el parque. Se considera, por lo general, la Hiroshima de los agravios: la bomba que, una vez lanzada, obliga a la rendición inmediata del acusado. Si puedes responder de manera contundente: «Sí, bueno, al menos yo no estoy gorda», es que formas parte de los Aliados y has ganado. La recriminación es tan potente que funciona aunque no exista una base real. He visto cómo reducía al silencio a mujeres de la talla 38, como si el acusador hubiera percibido en ellas un «aura de gordura» secreta o supiera que algún día llegarían a ser gordas, y les llamara la atención por ello. En un par de ocasiones en que me atacaron con un «Sí, bueno, al menos yo no estoy gorda», intenté pervertir un planteamiento clásico, y respondí: «Estoy gorda porque cada vez que me follo a tu padre me da una galleta.» Pero mi audiencia no pareció captar lo innovador de esta técnica de subvertir un cliché e imaginaron, en cambio, que yo había desarrollado un trastorno alimenticio para sobrellevar una desafortunada experiencia de pedofília", sostiene con gracia e ironía la feminista Caitli Moran en el libro "Cómo ser mujer".

Si bien la gordura es casi una de las pocas convenciones sociales que le cabe tanto al hombre como la mujer, son estas últimas quienes tienen, como de costumbre, más conflictos con la palabra y un estigma más complicado de sanar: si sos gorda sos fea. Y no hay nada más terrible para esta sociedad que ser mujer y sentirse fea, porque logra atacar directamente al ego de tu sistema central, a tus inseguridades más profundas, a por qué y para qué estoy viva si nadie me va a querer. Porque recordemos que las mujeres estamos hechas para ser bellas. 

Una vez hice una encuesta en Twitter respecto a cuánta culpa nos genera comer algo rico en grasas, que es mucha tengamos el peso que tengamos, y cuánta culpa le genera a los hombres. La respuesta no los sorprenderá: 

 

 

Lo cierto es que la gordura es un tema complejo, lleno de aristas, de observaciones y comentarios malintencionados, de miedos. Pero, sobre todo, llenos de desconocimiento del sujeto en cuestión. Porque acá, señoras y señores, no se habla de una ¿enfermedad?, ser gordx te transforma inmediatamente en un estereotipo rígido y feroz. No importan cuántos kilos de más tengas, cuán bien o mal te funcione el colesterol, la presión. No importa tu salud sino tu apariencia, aunque la salud sea la primera carta que se juega en el debate. Ser gordx te convierte en una persona vaga, fea, sucia, tonta, simpática, boluda, sumisa, tonta. Y no es algo que le pase a quien fuma o a quienes consumen cocaína o alcohol. Quienes padecen estas adicciones son personas, lxs gordxs no. Lxs gordxs son gordxs. 

Pero ojo que eso cambia, como todo cambia y hoy la palabra puta y la palabra gorda van juntas de la mano buscando derechos, encontrando en esas peyorativas palabras la fuerza para su revolución. 

 

Para charlar todos estos temas, entrevisté a Cherry Vecchio, escritora, trabajadora sexual y gorda militante que la tiene clarísima y que me ayudó a mirar a la gordura con menos prejuicio y más crítica a un sistema que logra que me sienta una mujer horrible a la cual nadie va a querer porque tengo tres, cuatro, diez kilos de más. 

 

Cherry hace rato que dejó de preocuparse por su físico y comenzó a ocuparse. Ocuparse de que tanto ella como otras y otros tengan voz y voto en un tema que genera controversias. Su manera, que fue lo que me pareció interesante es, sí, desde el cuerpo pero presentándolo como un cuerpo sexualizado, cosa poco común en el mundillo y en la mochila de este tipo de etiqueta. 

 

 

 

- ¿Creés que el deseo está condicionado?

 

Por supuesto, todo está condicionado por la sociedad patriarcal capitalista en la que vivimos. Cuando nos venden desde muy chiquitos que los únicos cuerpos deseables son los cuerpos flacos, “sanos”, cisexuales, blancos, es inevitable que crezcamos deseando ese tipo de cuerpo, tanto desde el lado de buscar parejas sexuales que idealmente reúnan esas características como desear nosotros mismos a habitar esos cuerpos. Por supuesto que podemos deconstruirnos e intentar salir de eso, pero no es fácil.

- ¿Lo que deseás hoy es igual a lo que deseabas antes?

Para nada, tanto en el ámbito sexual como en los deseos que tengo para mi vida. Creo que una vez que se empieza el eterno proceso de deconstrucción lo que uno desea cambia drásticamente. Cuando era (muy) chica me consideraba heterosexual y reprimía cualquier deseo que pudiera hacer que dudara de la integridad de mi heterosexualidad. Más de adolescente asumí que además me gustaban las chicas, pero aún así me gustaba mucho la gente hegemónica, convencionalmente bella y me costaba mucho salir de eso. Analizándolo ahora me doy cuenta que cuando era chica en realidad no tenía muchos deseos que digamos (del tipo sexual, al menos) así que me limitaba a replicar lo que deseaban mis amigas. Creo que empecé realmente a elegir más conscientemente mis deseos, aspiraciones y atracciones a los 16 o 17 años, y han cambiado constantemente desde ese entonces. 

- ¿Siempre fuiste amiga de tu figura?

No, ni ahí. Como la gran mayoría de los adolescentes tuve muchos problemas de autoestima por mi cuerpo. Cuando tenía 16 años bajé casi 40 kilos porque dejé de comer (plot twist: los volví a subir) pensando que si era flaca iba a ser más feliz (otro plot twist: cuando fui flaca estaba más miserable que nunca). Amigarme con mi cuerpo fue y es un proceso eterno, pero empezó cuando me di cuenta que si estaba constantemente intentando cambiar mi cuerpo nunca me iba a sentir cómoda con él.

 

 

 

- Todxs tenemos complejos, nadie se salva. Por esas cosas muchas personas sufren cuando les toca desvestirse, ¿a vos te pasó?

Me pasó muy pocas veces, siendo más chica e inexperta. No te voy a mentir, la verdad que ahora no me pasa. Pero tuve que hacer mucho trabajo mental para lograr que no me pase, me llevo bien con mi cuerpo. En ese sentido, me gustan mis formas, estar desnuda, sacarme fotos, filmarme, que otros me vean. Fue un proceso muy largo pero al menos con eso no tengo conflictos. De todos modos, intento concebir que se puede tener sexo de muchas formas, incluso sin sacarse la ropa, y siempre intento estar con gente con la que sé que me voy a sentir cómoda me la quite o no, si siento que eso no va a ser así, directamente prefiero no someterme a eso, buscar la validación ajena es realmente muy cansador.

- ¿Te masturbás? ¿Desde qué edad?

Sí. Desde muy, muy pequeña. Tengo recuerdos de tocarme desde los 3 o 4 años. Claro que en ese momento lo hacía pensando en cosas aleatorias y sin sentido, era más un impulso, yo no lo veía como algo sexual porque no entendía de sexualidad. Mi mamá sabía que lo hacía y le agradezco haberme educado de una forma tan consciente en ese sentido, sin prohibirme nada y dejándome que explore esas cosas yo sola. Para mi masturbarme es un ritual y una forma de autoconocimiento, lo mismo que grabarme o sacarme fotos (y ni te digo las dos cosas a la vez!). Es un acto de amor propio y me gusta dedicarle tiempo.

 

 

 

- Cuando te pregunté sobre qué no querías hablar me dijiste "sobre la salud", quiero desterrar que cualquier gordura es nociva para la salud, y que me cuentes un poco qué pensás respecto a eso.

Cuando uno es una persona gorda que existe en las redes sociales y muestra su cuerpo tal como es, el primer argumento que hay del otro lado para intentar detenerte es el de "no estás cuidando tu salud" o "no tengo problema en que te muestres pero estas dando un mal ejemplo porque la obesidad es una enfermedad" o "si realmente te quisieras querrías cuidar tu cuerpo". Lo cierto es que estoy un poco cansada de tener que justificar quererme solo porque capaz puede que no esté bien de salud. Más allá de eso, la gordura de por si no es una enfermedad, no es un indicador de tener mala salud, es un factor de riesgo, como también lo es fumar, tomar alcohol o estar mucho tiempo delante de la computadora. Sin embargo, nadie cuestiona a los fumadores y consumidores de alcohol cuando suben fotos realizando esas actividades. Pero se entiende que la gente piense así cuando el mismo sistema de salud (y los medios) todo el tiempo está vendiéndonos la flacura como sinónimo de salud. Si agarrás a un grupo de gordos y les pedís que te cuenten sus experiencias acudiendo al sistema médico te sorprenderías de la cantidad de historias de horror que hay, como por ejemplo, hay casos de gordos que fueron a atenderse por un problema X y que sin siquiera revisarlos los mandaron a hacer "dieta y ejercicio" y que después, tras pedir una segunda opinión, descubrieron que había otro problema que hubiera sido menos grave de haber sido diagnosticado en tiempo y forma. Te puedo contar de mi propia experiencia, de como cuando bajé 40 kilos por haber dejado de comer y fui al médico en ningún momento se me interrogó sobre mis hábitos, pero si se me dijo "no sé que estás haciendo pero seguí así". Te puedo contar de como, una vez que fui al médico por tener palpitaciones, me dijeron que probablemente era por colesterol alto e insistieron que probablemente fuera eso aún después de que los exámenes me dieran colesterol normal tirando a bajo. Cuando sos gordo pareciera que todos los problemas que puedas tener son relacionados con no hacer dieta y ejercicio, y lo cierto es que hay otros factores que influyen en la gordura y ser gordo no necesariamente está ligado a llevar un estilo de vida sedentario y comer porquerías. Muchos flacos comen mal y no hacen ejercicio y no se los cuestiona por eso, y está claro que es porque ser flaco es socialmente bello, mientras que ser gordo no lo es. Muchos de nosotros hacemos ejercicio y somos muy activos y comemos bien, y muchos de nosotros somos sedentarios y nos gusta comer porquerías, y me parece injusto que solo a los gordos se nos exija estar saludables para poder comenzar a hablar de nuestras vivencias y a exigir respeto, cuando eso no le pasa a otras corporalidades,

 

- Hablemos del imperio económico de las dietas y la vida sana. 

Si no hubiera gente moviendo millones de dólares con la industria de las dietas el estándar de belleza sería otro. Parte del capitalismo se basa en hacernos sentir mal, si nos sentimos mal tenemos que consumir cosas que supuestamente nos van a hacer sentir bien: la cuota del gimnasio, los productos Ser, la crema reductora. Si nos sentimos bien se les viene el negocio abajo, ya no es rentable. El otro día una amiga me hizo dar cuenta de algo: es horrible que siempre se caricaturice al capitalismo como una persona gorda que no para de consumir, comiendo hamburguesas y sentada en un sillón, cuando no hay nada más capitalista que un cuerpo flaco, trabajado, bronceado. Si no tuvieran ese ideal al que hacernos aspirar, probablemente seríamos capaces de valorar mucho más la diversidad corporal.

 

 

 

- ¿Sentís que con tu militancia cambiás algo?

Si bien "cambiar algo" me parece un concepto muy fuerte, si siento que cambio algo en el sentido de que lo que hago le llega a otra gente. Cuando hacía mi fanzine "gorda puta" y tenía una página en facebook (que ahora me cerraron) me llegaban casi todos los días mensajes de gente diciéndome que gracias a lo que escribí abrió un poco su cabeza, se planteó cosas o empezó a quererse un poco. Para mi es una locura, es una locura pensar que las cosas que hago (que a mi me parecen bastante una porquería) le sirvan a alguien. Pienso que hay tanta necesidad de activismo gordo, de gordos hablando de sus vivencias, sacándose fotos, haciendo ruido, que cualquier cosa por más mínima que sea ayuda un montón. Me gustaría que haya más gordos activando cosas acá, sé que auto visibilizándome empujo a que otras personas quieran hacer lo mismo, eso para mi es el cambio más importante que puedo generar.

- ¿Sentiste gordofobia alguna vez? Si es así, ¿en qué contextos?

Sufrí las consecuencias de la gordofobia muchísimas veces, demasiadas para enumerarlas todas. En el colegio pasé desde que se burlaran de mi por ser gorda hasta que un profesor de gimnasia (gordo) me dijera que "no podía ser tan chica y tan gorda". En el ámbito familiar, toda la vida mis padres intentaron que adelgace sometiéndome a dietas y mandándome a lugares como ALCO, con familiares llegando al punto de decirme que "hacía todo muy bien" pero que "me faltaba ser flaca". En el ámbito médico, cuando peor la pasé fue en la adolescencia, ya que tuve problemas alimenticios que jamás fueron tratados porque como estaba adelgazando, eso era lo único que importaba.

En el ámbito laboral, creo que intentar buscar un trabajo en relación de dependencia siendo gordo es una de las experiencias más traumáticas que existen, viviendo en una ciudad costera en la que el trabajo se multiplica en el verano, por supuesto que no solo no me tomaron para cualquier trabajo que exigiera "buena presencia" (casi todos) sino que además me miraban muy mal cuando entraba a locales a dejar mi curriculum. Incluso ahora que trabajo de explotar mi sexualidad en internet y que es un trabajo con el que estoy muy contenta, sé que me iría mejor si fuera flaca.

En el ámbito relacional, cuando era más chica me pasaron cosas como que me dijeran que nadie me iba a querer por ser gorda, gente que me gustaba me ha dicho que "no lx merecía" o que "era demasiado para mi". Ahora intento no relacionarme con nadie tan imbécil pero eso hace que siempre tenga la duda, me cuesta mucho acercarme a otras personas (sobre todo si son flacos), siempre está la posibilidad de que no le gusten "los gordos" como si fuéramos todos un ente homogeneo, o peor, que únicamente le gusten las gordas y que me fetichicen.

Ser gorda me condicionó y condiciona en un montón de cosas pero no es justo que yo tenga que cambiar para que eso no me pase, la sociedad tiene que dar pasos agigantados y convertirse en un lugar menos hostil para los que habitamos cuerpos gordos.