Conocer el taller y los espacios de trabajo de Juan Miceli marcan una continuidad con su trabajo como así también lo hacen sus muestras. Detalles, expresiones, ritos, moldes, repeticiones, guiños. Un universo que empieza a desplegarse en diversos planos y formatos que siguen el faro de la experimentación. 

"Lo realmente vital se halla por debajo de los social", escribió el antropólogo y filósofo argentino Rodolfo Kusch cuyos estudios sobre lo esencial, lo mestizo y lo precolombino sirvieron de base, junto con la historia personal y profesional de Miceli, para esta nueva videoinstalación. 

"Leegión plantea la fusión radical entre esencia y apariencia, valiéndose de un conjunto ciertamente heterogéneo y diverso de recursos técnicos y prácticas arte-vida. Leegión es el surgimiento inopinado y a la vez cotidiano de la aparición, y subsiguiente observación de nuestra imagen, siempre en constante devenir. Leegión ataca a la actualidad del yo occidental, desatando la latencia de lo colosal, convocando a personas que nos acechan y usurpan el cuerpo por turnos. Puede que el corolario, después de todo, refiera a que no hay experiencia esencial fuera del hecho de haber experimentado la multiplicidad de apariencias de la vida. Aunque no estaría de más barajar la posibilidad de que Leegion sea un error fatal más en el sistema y que nada de esto que decimos fuera cierto", puede leerse en el texto curatorial que se encuentra junto a la obra en el hall de la Universidad del Museo Social UMSA. 

 

 

 

 

—¿Cómo fue el proceso para llegar a esta videoinstalación denominada Leegión? ¿Por qué ese nombre?

—La cuestión con Leegión comienza en modo vídeo que intenta plantear el vínculo entre el cuerpo y el territorio o directamente propone experimentar el cuerpo como territorio, que era una línea de trabajo que venía investigando. Encontró este modo de salida y volverse espacio con la propuesta de UMSA [Universidad del Museo Social Argentino] de  hacer una muestra en la sede Artes curada por los alumnxs de  la asignatura Práctica Profesional (a cargo de Eduardo Tenconi Colonna) de la carrera de Curaduría e Historia de las Artes. Me resultaba atractivo hacer una muestra con un curador múltiple, era la primera vez. Por otro lado,  me resultaba muy atractivo seguir profundizando en el desafío de sostener mi mirada y discurso en un contexto institucional luego de las experiencias del Museo MACA de Junín, Expressiones Cultural Center y Fundación Lebensohn. El nombre lo pensé de entrada como cuerpo múltiple en alusión al Legión biblico: la bestia. Decidí agregarle una “e” que relaciono al leer y a cualquier material legible que va de la arcilla a las palabras pasando por el VHS, es decir, la cinta de video como hilo, soporte y disparador. También como guiño a la letra inútil o muda que parece no aportar mucho.

 

—Como en tu muestra “El impostor” hay una nueva apuesta a reflexionar sobre las multiplicidades “el ritual constante de la generación de moldes, negativos y calcos” ¿ lo identitario es una de las marcas fundamentales de tu trabajo?

—Creo que sostener que toda identidad es construida es una de mis obsesiones. Me interesa esa tensión entre educación y domesticación, entre el formato que se nos arma en el tejido social y lo real. Se da algo muy parecido entre el calco y el cuerpo, muy cercano al molde de yeso aunque menos tangible tal vez. Estoy cada vez más seguro de que somos una especie de multiplicidad amorfa (citando al filósofo Rodolfo Kusch de quien tomamos una frase para el texto) que se intenta domesticar desde diversos planos y mecanismos de control. Tampoco puedo evitar señalar que moldes, calcos, etc, son herramientas de la práctica artística y eso me lleva a hacerme la pregunta sin sentido acerca de ¿quién imita a quién? el arte a la vida o viceversa.

 

—Te caracterizás por hacer, en general, muestras en espacios pequeños- aunque también te abriste a nuevos desafíos- sin embargo siempre da la sensación que hay un tercer espacio que proponés; una especie de ensayo de un plano plástico extensible ¿lo ves así?

—Completamente, creo que la muestra es siempre un residuo o mejor dicho, un resto de algo más grande que no vemos, pero capaz intuimos. Eso lo lleve al extremo en La Estafa de la Forma, la instalación colectiva y “viviente” que hice en el 2016 en 704 Oficina de Arte, donde el material, la obra entraba por agujeros en el techos y la sensación que se generaba era que había obra que quedaba por fuera del espacio de exposición. Si, y en los términos de plano extensible que planteás yo creo que la obra más que instalarse en un espacio, genera espacialidad. De algún modo, mi deseo tiene que ver con ampliar esos planos o al menos instalar la pregunta.

 

 

 

 

—Ya sabemos, como dijiste una vez, que “Nunca vas a saber qué quiere decir la obra” pero entonces ¿qué quiere decir la forma en que exponés tu arte?

—Jajaja, es verdad dije eso en relación a la muestra El Impostor y vos titulaste así aquella nota del 2015, que me pareció super porque creo realmente eso. Nunca realmente nunca vas a entender que quiere decir la obra y re bajtiniano se lo digo al “otro” pero simultáneamente a mí. No sé si mi modo de exponer mi arte quiere decir algo a priori o va diciendo mientras hago. Reconozco sí, una búsqueda relacionada con la diversidad  de espacios y gente, una intención de que el público devenga obra o forme parte de acciones sin cohersionarlxs. Hay algo creo bastante intenso (o denso) en la búsqueda de la desclasificación de materiales y categorías y “lugares del arte”. También creo que dice que es posible tener otra circulación.

 

— Planteás que “Leegión ataca a la actualidad del yo occidental” ¿por qué la ataca?

—Bueno, sí, creo es otro de los fenómenos que tienden a naturalizarse cuando son pura construcción, como todo, claro. Pero también creo que esta configuración de la personalidad triádica le allanó mucho el camino a cosas interesantes como a otras no tanto. Tal vez da para largo, pero básicamente creo que es uno de los pilares sobre los que se apoya la sociedad de consumo, esa idea de deseo aspiracional.

 

—¿Cómo ves actualmente los espacios de difusión y exposición de arte? ¿Hay simbiosis entre lo que se desea exponer y los espacios ofrecidos?

—A  veces veo unas ganas de querer encajar en el espacio. Creo que tiene que ver en parte con esto que llamo yo occidental, querer pertenecer a un espacio, museo, clase, club, galería. Y a resignar a algunas cosas por eso. Muchos artistas entienden que ellos necesitan más al espacio que el espacio a ellos. Yo creo que las ganas y la necesidad son mutuas. Y que esa cuestión incluye que la obra no se adapta, que el espacio se haga responsable de la obra, de su traslado, de las invitaciones, etc. También creo que el fenómeno moda ejerce un punto de presión.

 

 

Versión bacteria de Juan Miceli

 

 

— ¿Se sigue priorizando algún formato por sobre otro en la exhibición del arte contemporáneo?

— Depende mucho del espacio, pero si hay una cuestión vinculada con formatos o configuración que circulan con el peso de una moda. O también se podrían pensar como una mirada de época. El vídeo, las artes electrónicas y la instalación tal vez proliferan más como formato.

Por ejemplo, actualmente estoy trabajando en una muestra que presento en octubre en 704 Oficina de Arte y que aún es puro proceso, me gusta mucho ese momento de incertidumbre, de material en (de)formación. Estoy trabajando también erráticamente con materiales diversos y experimentando un regreso a algunos trabajos vinculados con el diseño de escenografía o vestuario, cosa que hice durante mucho tiempo. También disfrutando de mis vídeos circulando bastante gracias a festivales diversos y a la gente de Harddiskmuseum que son una propuesta genial de un museo dentro de un disco duro que recorre ámbitos académicos y ferias de arte revelando su contenido. Hace poco se presentaron en Zaragoza.

Estoy super entusiasmado con algo vinculado con lo sonoro que estamos armando con Angel Jara, aun no sabemos que formato va a tomar y eso es lo mejor de todo... ,  algo similar me pasa con un proyecto vinculado al bioarte que estamos elaborando con Gisela Massara, esa sensación de no saber pero hacer de todos modos. 

Y por último profundizando mucho la cuestión de la transmisión, no solo en los talleres que doy sino en los que tomo. Me parece que ahí se genera un intermedio super interesante que puede volverse obra. Tiene esa latencia. Los últimos que tomé fueron uno de Bioarte con Joaquin Fargas en Maimónides/CCEBA que consiste en proponer obra a partir de procedimientos vinculados con la ciencia y con la intervención del trabajo a nivel genético y otro de Bioeconomía que lo da Cecilia Hecht que propone una economía desligada del dinero y me disparó unas cuantas cuestiones respecto de la práctica artística y la vida que para mi son una sola materia. 

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Hoy, 12 de abril, visita guiada y conversatorio entre Juan Miceli y Florencia Nieto a las 19 

Hall de la Universidad del Museo Social UMSA | Sede Artes Sarmiento 1565, CABA