Pastoril, policial, pornográfica así se presenta "La Gala", la última novela del editor, traductor y escritor Ezequiel Bajder. Con un comienzo policial erótico, la trama se sumerge- literalmente- en aguas densas para tratar de encontrar al asesino en un clima de egos sexuales competitivos.

 

Llamativamente lo pornográfico tarda en llegar, varias páginas después leemos al narrador diciendo "al fin cogen" en una sucesión de imágenes ardientes que hacen que la prosa de Bajder gane altura con pequeñas reminiscencias a las orgías escatológicas de George Bataille.

 

Como si se tratara de un carnaval de máscaras en el que los cuerpos admiten nuevos acercamientos y confusiones, "La Gala" por momentos se pierde en las repetidas circularidades de la trama. Esa pérdida pasa a segundo plano cuando el lector es atrapado por las escenas de sexo que opacan al policial pero que por su prosa puntillosa hacen que la novela fluya una vez que se descubre la deriva del caso.

 

Dialogamos con el autor a través de un intercambio de preguntas electrónico.

 

- Todo se inicia con una muerte tras la gala que da título a la novela y tendrá lugar un juicio en el que por momentos queda en duda si realmente se trata de saber quién la mató o quién la deseó más. ¿Es una lectura posible?

Ezequiel Bajder (E.B)- Sí, desde ya. La competencia está casi de manera constante en la novela con dos supuestos narradores que se niegan: uno dice que el río estaba crecido y el otro que estaba bajo, etc. De todos modos, diría yo, que no se trata de saber quién la mató, porque eso se resuelve (dos veces) y por la mitad de la novela. En ese punto es el antipolicial. Lo otro que planteás, lo de la competencia por el deseo me parece que es algo válido, no lo había pensado así, pero las lecturas no le pertenecen al autor, creo.



- ¿Fue una decisión propia o editorial la de marcarle al lector que está frente a un texto que recupera una voz narrativa con cierta épica  (pastoril) en una trama policial pornográfica? Me refiero a que la voz del narrador no es una voz fácil…

E.B- Ambas cosas serían ciertas. Me explico: llevamos adelante Vestales Mercedes Pérez, mi pareja, y yo. Me ocupo más de comercializar, y Mercedes de la edición (desde el texto hasta el cuidado del producto). Con la colección Opus Nigrum, se nos planteaba el problema de que el universo de lo que se llama “policial” es vasto: hay novela negra, policial en sí, etc. Entonces, a Mercedes se le ocurrió poner un paratexto en todos los libros de la colección que ayudara a esa categorización, que orientara al lector. En tanto marca de colección, acá había que recuperarla en La gala también. Y nos gustó cómo quedaban las tres “p” (“pastoril, policial, pornográfica). Además, de que la novela es deudora de La Galatea de Cervantes desde el título en adelante.
En cuanto a la pastoril en sí, viéndolo a la distancia, tal vez pueda parecer un tono épico, pero no creo que lo fuera en el momento en que se producían esos textos. En La Galatea cervantina, el asesinato inicial descorre el velo de apacibilidad bucólica del género. Y genera una tensión. Esa tensión traté de que se replicara en la voz de La gala: barroca (manierista, dice un amigo), pero también (espero) discurre en cuanto a lo sonoro, a ciertos ritmos. La búsqueda era hacer que lo material de la escritura tuviera una presencia que vehiculizara al texto.



- Por momentos pareciera que ese narrador disfruta al confundir al lector con tiempos, personajes y situaciones.  Pienso en las orgías de gerundios, en las muertes de esos nombres espejo Nadia- Diana, en las escenas que se suceden como un dejavù… ¿La confusión funciona como una estrategia de goce narrativo?

E.B- Hay un goce en La gala con lo confuso, con el engaño, con el narrador mentiroso, poco fiable. De algún modo, el goce me parece confuso, irreductible. Y lo profuso viene de ahí en la novela: en no elegir nada, en tratar de que entrara todo lo que se me iba ocurriendo, dentro de una estructura bastante inflexible que me había planteado. Por otro lado, todo el tiempo tenía la sensación, al escribirla, de que se parecía a una tarde mirando videos en Youtube: saltar de una cosa a la otra, sin demasiada ilación, en la que terminás exhausto y confundido. De algún modo, esa deriva es confusa, aunque no del todo estratégica. Creo que funciona un poco como el “mar multitudinario” que gloso/traduzco en la novela de una de las galaxias de Haroldo de Campos.



- ¿Cuál fue el germen- si es que hay uno  puntual– que te llevó a escribir esta novela? ¿Fue una escena, un personaje, un disparador particular?

E.B- El germen, sí, casi como algo contagioso, me gusta eso. Fue en el 2002, así que tengo recuerdos tenues, menguados. Sí me acuerdo estar entrando al Walmart de Constituyentes y pensar en que el policial de enigma y la novela erótica comparten el encierro como premisa. De ahí que me pareció bueno mezclarlos. Además, en La Galatea, Cervantes hace esa mezcla de géneros y de ahí vino el título y el deseo de seguir cierto postulado de la pastoril: A quiere a B, B quiere a C, C quiere a A, ninguno tiene el amor correspondido. Pero, como iba a ser una novela erótica, A quiere a B, pero se acuesta con C, etc. Traté de ceñirme a eso lo más posible. A fines de 2012 me puse a escribirla, y apareció la voz que me gustó y que me supuso un desafío llevar hasta el final.


- La cuestión de las tríadas surgen como una constante en la historia a nivel lingüístico e incluso psicoanalítico y en ese triángulo principal formado por Lucius, Abiter y el par Diana- Nadia que va a agrandándose con la aparición de diversos personajes. ¿Sentís que pensar la novela como el deseo de tres es posible?; ¿O es más un trama de espejos ente Arbiter y Lucius donde cada uno ve y narra lo que desea relatar y observar?


E.B- Intenté negar la tríada todo lo posible. “Los lados del triángulo se suman, si es que hay o habrá de haber una tríada. Imantado el signo pide a Lucius y a Silvia por igual: quiere atraerlos, incorporarlos, adicionarlos a esta Silvina que te habla, querido Silvestre, y formar una nueva cosa”, dice cerca del final: es decir de tres hacer uno para vincularse con otro (mi torpe refutación del signo de Peirce).
Pensé siempre a la novela como un juego de espejos y dualidades: dos narradores (que se intercambian), dos modelos narrativos clásicos (Arbiter por Petronio; Lucius por Apuleyo); la oposición que me imponían el cruce pastoril y erótica entre sexo y amor; dos resoluciones; dos asesinos y dos detectives; dos veces las mismas situaciones; incluso Nadia-Diana casi como dos personajes cuando son uno. Igual algunos restos de tríadas hay en el trío X, Lucius, Nadia; en algunas situaciones como la de Silvano con Silvia y Silvina amasando, etc. Tal vez donde más claro se ve el espíritu dual es en la parte de los cordobeses, que constituye, irónicamente, una “tercera parte” en el ir y venir del texto.



- Resulta un tanto disruptiva esa historia de los cordobeses  cuando ya parecía que el asesinato estaba resuelto ¿Por qué esa elección de extender – si es que lo considerás así- la novela?

E.B- Retomo con lo anterior: para mí era un refuerzo, una insistencia más en lo dual: dos presos, dos historias, dos asesinatos (aunque crean que es el mismo), la canción de rap que citan que habla de dos amigos, etc. De todos modos, y a pesar de la disrupción, me parecía necesaria esta parte con otra voz y otro tono. Yo quería escribir una escultura: que la novela fuera corpórea y que se pudiera recorrer. Entonces, empecé a pensarla como algo a lo que, para apreciarlo, hay que girarle en torno. Un costado (algo así como hasta la aparición de los cordobeses), la parte de atrás, la menos visitada, la menos integrada (el texto de los cordobeses) y el otro costado, simétrico al anterior, pero que te devuelve al punto de partida.
Por otro lado, me parecía que funcionaba como espejo de los espejos, ya que es casi una versión en otros términos de lo que se cuenta. Por último, antes siempre hablé de “novela erótica”, pero el paratexto dice “pornográfica”. Creo que la pornografía es la del lenguaje. Y con los cordobeses busqué (lo entendí meses después de haberlo escrito) cierta representación del lenguaje: afuera no hay nada, no se puede avanzar hacia ninguna parte, solo queda dejarse llevar en esa lenta deriva que es la lengua. Además de un homenaje al cuarteto y a Rodrigo que tanto me gustan.



- “La Gala” se me presenta como una escritura experimental donde la prosa de recapitulación siempre nos marca el eje a seguir ¿Vos cómo experimentaste el proceso de escribirla?


E.B- Me gusta divertirme con lo que escribo, poder disfrutarlo, poder experimentar en el sentido del juego, de la generosidad de lo lúdico. En ese punto, lo experimental no es una búsqueda o una estética en sí, sino algo con lo que me siento cómodo. Hace un tiempo, le mandé un mail a Hugo Correa Luna, con quien hago taller, en el que le pedía disculpas por no asistir a un evento en el que él leía. Mis disculpas giraban sobre sí mismas y terminaba el mail cerrando tres paréntesis uno dentro de otro. Hugo me respondió que La gala, que estábamos viendo en el taller en ese momento, no era una construcción, sino que era casi algo genuino, algo usual en mí. Me queda decir, entonces, eso que decía João Gilberto: “mi corazón lo pidió así”.

 

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El detalle circular de los cordones que atan al cuerpo que flota en la orilla del Delta parece ser la metáfora perfecta para  contener el fluir de la escritura de Bajder.  En una novela en la que el  agua y la trama manchada con sangre y sexo encuentra un final y no se pierde, del todo, en las profundidades de un océano sin sentido.


"La gala", novela de Ezequiel Bajder

Colección Opus Nigrum, Vestales, 2015

192 páginas