Tengo una amiga feminista. Me gusta abrir así, un poco fuerte, más que nada porque, de paso, atacamos el meme del amigo que te habilita a decir absolutamente cualquier cosa. Porque, total, tenés un amigo al que bardeaste y bardear es gratis, lindo y nunca pasa de moda. Pero, sí. Tengo una amiga feminista. Varias.

Es fácil burlarse del feminismo, al igual que es fácil burlarse de cualquier cosa cuando identificás un estereotipo, y le apretás el contraste hasta que la estridencia te invita al comentario afilado. Pero cuando te ordenás para hablar en serio, la idea de la igualdad de género se hace mucho más hermosa y difícil que cuando te tenés que limitar a dibujar personajes exagerados, que huyen de la depilación y se escandalizan cuando les abrís una puerta.

Pero más difícil que eso es hacer un chiste cuando, el mejor asado de tu vida te lo hizo una flaca, pero sobre todo, cuando esa flaca lo aprendió de su mamá. El tema es que ahora sí me voy a poner cómodo en esa postura de hombre progre que tanto escandaliza, y empiezo a preguntarme por qué me sorprende algo tan arbitrario en lo sexual como el género de quien arme bien un fuego o sepa dar vuelta un vacío una sola vez. Parece que, al final del día, a mí y a mis xmxgxs, no nos queda otra que aceptar que no eramos taaaan progres, y que los hombres y las mujeres somos iguales.

O no.

La idea de que los hombres somos todos 99.9% idénticos es hermosa, es accesible y políticamente correcta.

También es mentira.

Genéticamente, hombres y mujeres tenemos 22 pares de cromosomas hermosos. 22 pares, porque 22 de mamá y 22 de papá, pero el tema es que con 22 no hacemos nada, y necesitamos un último par, que no es par. O por lo menos nos es par en los hombres, ya que nosotros tenemos un cromosoma X y un cromosoma Y, que tuvo un proceso de cambio evolutivo muy profundo, y hoy es como un X que pasó por una licuadora de años de evolución y quedó todo memo, con pedacitos faltantes, repeticiones, inversiones, tiros, líos e inclusive alguna cosa golda.

Hace años, David Page, básicamente el obsesivo más grande de todos los tiempos en la función del cromosoma Y, estudia cómo esas diferencias se ven en un organismo completo. Durante muchos años se asumió que la diferencia entre hombres y mujeres se acotaba al tracto sexual y cositas decorativas aledañas, y que el resto de las diferencias (porte, distribución de grasa, presencia de tetas y capacidad de diferenciar 11 tonos de naranja entre otras) se debía a la producción de hormonas sexuales en este mismo lugar, chiquito, entretenido, sí, pero acotado, no.

MAMÁ, DAVID DICE QUE LOS NENES Y LAS NENAS SOMOS DISTINTOS.

Cuestión que medio que tiene razón, y que cuando comparás dos hombres da 99.9%, y todo fenómeno, pero cuando comparás el genoma de un hombre y el de una mujer, somos 98.5% iguales. Un montón, pero menos que 99.9. La diferencia entre 99.9 y 98.5 puede parecer poca, pero se nota más la profundidad de la disimilitud, si sabemos que entre un hombre y un mono hay tanta similitud como entre un hombre y una mujer. El tema es que, debido a lo finito del hielo sobre el que vengo malambeando, tengo que agregar que entre una mujer y una mona, existe el mismo grado de similitud que entre una mujer y un hombre, cuestión de hacer las cosas bien balanceaditas y políticamente adecuadas.

Resulta que la diferencia entre los ellos y las ellas es más profunda, y que en realidad somos XX o XY no solamente a media altura, sino en la expresión genética de cada célula de nuestro cuerpo.

Esta diferencia tiene implicancias enormes, que son una de las razones de estudio de nuestro ya olvidado David, después del datazo del 98.5%, que lo que trata de hacer es encontrar las razones por las cuales algunas enfermedades afectan más a hombres que a mujeres, y cómo tratarlas de la mejor manera posible.

Somos iguales por todos lados, sí, pero también somos distintos, y tratar de erradicar las diferencias arbitrarias e injustas, trae aparejado el riesgo de perder el gusto que vino con la variedad.

Y para encantar a las feministas que sí, no a la fundamentalista de Puan sino a la feminista posta, cito a una Simone de Beauvoir que refuerza la idea de que ser distintos, no es ser ‘otros’, y que es de la ‘otredad’ de la que hay que escaparse (bah, ni siquiera la cito directamente a ella, cito a una amiga, feminista, con la que hablé del artículo y me pasó la cita, porque con el feminismo se come, se educa y se termina de escribir la columna).

Ignorar las diferencias, lejos de igualarnos, nos quita profundidad. Nos hace chatos como especie y nos priva de entender dos mitades que hacen que nosotros seamos nosotros, no organismos asexuados y uniformes sino bichos incompletos, condenados a buscar un algo más que nos haga funcionar cuando no funcionamos solos.

*Si después de esto todavía tenés ganas de leer ciencia, podés ver si la curiosidad mata o no al gato en elgatoylacaja.com.ar.


Referencias

Genomics and genetics of human and primate Y chromosomes

Hughes JF, Rozen S

Annual Review of Genomics and Human Genetics 13, 83 (2012)

What we don't know about sexual reproduction

Page DC

Bulletin of the American Academy of Arts & Sciences, Winter, (2012)

http://dna-explained.com/2013/10/24/human-genetics-revolution-tells-us-that-men-and-women-are-not-the-same/

http://www.youtube.com/watch?v=nQcgD5DpVlQ#t=0