Soy un fan del dibujo y la historieta. Por eso me sorprende que nunca se aborde la importancia que cobran los humoristas, ilustradores y editorialistas gráficos en los medios impresos. Hay allí una cuestión: que mientras un periodista ejerce un oficio un dibujante practica un arte, y que, por ello, muchas veces poseen un cerco de protección.
Un dibujante es un tipo que conlleva una firma, y un estilo. No puede, como un cronista, negarse a firmar tal trabajo si no está de acuerdo con algo que le piden. Por ello se han ganado un lugar de librepensadores. Los ilustradores tienen mayor libertad que un colega de la palabra. Y como el arte es difuso, subjetivo, puede separarse del texto que ilustra así como decir cosas que el texto no puede afirmar.
El dibujante, como todos, tiene una ideología, obviamente, y por ello se lo debería poder criticar (no sólo aclamar) como se critica o aclama a Caparrós, Wainfeld, Grondona, Anguita o Morales Solá.
Pero, claro, tienen el prestigio propio del arte, que edifica muros a la discrepancia.
Sábat, caso testigo
Hablamos del mejor artista del oficio de la ilustración gráfica, Hermenegildo Sábat. El más próximo a las galerías de arte. A quien se lo denomina “Maestro” o “Menchi”. Está fresco el recuerdo de la denuncia proferida por CFK de su *cuasimafiosa* caricatura. Alcance que nunca hubiese acontecido si la crítica hubiese sido hacia, por ejemplo, Tomás Abraham. Pero los dibujos de Sábat deberían poder ser examinados igual que se disecciona una editorial de Carlos Pagni. Sin embargo, no se acomete *cuasinunca* contra el fondo del dibujo. A veces por la subjetividad del entendimiento, a veces por el prestigio antedicho. Pero cuando Sábat desprende como asesino a Moyano va más allá de lo que un diario puede sentenciar. Los lectores, en mayor medida, se informan más desde el título, la bajada y la fuerza de la imagen que desde la comprensión del texto, lo que sobredimensiona la responsabilidad del alcance del trazo o el encuadre fotográfico.
Medios nacionales
El ilustrador/humorista no tiene una bajada de línea precisada por el medio en el que trabaja, una direccionalidad en su viñeta. Se permiten una autonomía no existente en otras secciones de un diario. Ya lo dijimos. Hagamos nombres: nadie le dice a Sendra, Nik, Rep, Crist, Liniers o nuestro Mosquito cómo ilustrar. Cierto es que cuando se ilustra un artículo el oficiante se ciñe al texto (cuando tiene un espacio propio para la experimentación, son más libres aún). Pero existe siempre el atajo de la complejidad para no decir lo que no se quiere decir, lo abstracto como puerta alternativa. El medio se conserva el argumento de la jerarquización. De acuerdo al interés que los dibujantes le prodigan a su medio, ocuparán mejores espacios, vidrieras premeditadas.
Justo es decirlo, La Nación permite una libertad creativa inusual: Max Aguirre, Tute o Liniers encuentran un terreno fértil para la experimentación desde el tamaño sábana del diario de los Mitre. Lo mismo se puede decir sobre Crist, Caloi, Langer y Tabaré en “el gran diario argentino”.
Tapa Blanca, contratapa no
Un dato que pasó desapercibido en la ya mítica tapa blanca del diario Clarín fue el doble fondo humorístico de la contratapa. Detrás de la tapa *vacía* hubo una tapa real, pero existieron dos tandas de chistes esbozadas en esa edición. Ahí se rompió el código de la libertad interpretativa. Se insinuó al staff que todos debían tomar como eje el “atentado a la libertad de prensa” para la primer contratapa. Sucedieron algunas cuestiones que no repercutieron. Caloi no aportó su dibujo, se desconocen las razones, como tampoco entregó la tira Altuna, por motivos igualmente ignorados. Lo que sí se puede dilucidar es que el chiste de Altuna fue una réplica del primer dibujo de la tira con otro guión en los globos de diálogo, caligráficamente falsificado.
El interior también existe
Semanas atrás en el diario La Capital de Rosario fue censurado el humorista Dachi, porque la gracia no se ajustaba a lo que el diario permitía.
—Qué buena idea de Clarín, el día del bloqueo, publicar en tapa todos los proyectos de la oposición para las elecciones…
— ¿Pero no fue una tapa en blanco?
—Sí… por eso.
(— ¿O serían los papeles de adopción de los hijos apropiados?)
El autor, en Facebook, deslizó: “Sólo publican cuando les conviene la crítica... ¡Arriba la libertad de expresión! No siempre se puede coincidir con la línea editorial. Eso sólo lo logra Nik”.
Alguna vez Noam Chomsky en una entrevista con el periodista inglés Andrew Marr sentenció: “Yo no digo que usted se autocensure. Estoy seguro que cree todo lo que dice. Lo que digo es que si usted creyera algo diferente no estaría sentado donde está sentado”.
La máxima del lingüista norteamericano se puede ampliar a los humoristas editoriales de algunos medios gráficos, ¿por qué no?
Ahí se ven.
Twitter: @mc__
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