Dentro de la comunidad artística, los actores y actrices desde siempre se han destacado por expresar sus ideas desde un costado militante. Ya sea comprometiéndose en un tiempo político con una adhesión, poniendo la cara, o acompañando una lista de legisladores, llegado el caso. Es recordada aquella cruzada bajo el eslogan “Somos actores, queremos actuar”, en tiempos de vacas flacas y poca ficción de aire. Es cierto que también músicos, directores, plásticos o escritores expresaron sus posiciones políticas a lo largo de los años, pero ningún grupo con tanta densidad y cohesión como los actores.
Algunos de ellos en este último tiempo se expresaron a favor del Gobierno, se mostraron simpatizantes de algunas de sus medidas, o indicaron, simplemente, a sus mismos adversarios. Hoy son sospechados de miembros de una secta misteriosa, que acuerda sus discursos en la oscuridad, a cambio de una paga jugosa.
Lo que en otra época era rescatado, aplaudido o celebrado, hoy es mirado de soslayo. Por supuesto, lo que atraviesa el cambio de consideración es también el kirchnerismo como hecho maldito, o La Maldición de Cecilia Rosetto.
Una lista arbitraria e incompleta: Lola Berthet, Juan Leyrado, Juan Palomino, Raúl Rizzo, Florencia Peña, Federico Luppi, Esther Goris, Patricio Contreras, Pablo Rago, Hugo Arana, Gonzalo Heredia, Arturo Bonín, Susana Cart, Luis Ziembrowsky, Fernán Mirás, Gastón Pauls, Leonardo Sbaraglia, Pablo Echarri, Nacha Guevara, Andrea del Boca, Nancy Duplaá, Rodrigo de la Serna, sólo por nombrar algunos de la amplia lista de actores que, con sus matices, no dudaron en decir lo que pensaban sobre diversos temas, tan sencillo como eso.
Es muy difícil encontrar artistas que se expresen a favor de otras fuerzas políticas. Eso sí, es posible toparse con quienes reproducen pensamientos de la derecha populista , que a su vez son emitidos a repetición.
Beatriz Sarlo escribía en La Nación el 24 de noviembre pasado:
Ninguna encuesta los registra. Sin embargo, muchos están preocupados porque existen. No es una adivinanza. Es el kirchnerismo de intelectuales, académicos, profesionales, escritores, artistas, periodistas. Si se piensa la política sólo con los grandes números, se obtiene una "opinión pública" en la que ellos están ausentes porque no pesan como fracción encuestable. Se pierde, así, una zona extraordinariamente activa del mapa ideológico. (…)
No digo esto para señalar un déficit de los recién llegados, sino para subrayar la novedad de esas adhesiones (actrices, celebrities) que amplían el círculo más tradicional de entendidos. Es cierto que la calidad del discurso político no sube con estas incorporaciones. Pero quedarse con este juicio sería mezquino.
Nota de esto toman claramente los sectores de poder y despliegan una caza de brujas, reduciéndolos a “Farándula K”, salvando los matices, y actuando en sinécdoque: todo actor que se pronuncie afín al Gobierno en algo es parte del andamiaje K a sueldo.
Empresa que desde la editorial Perfi l acometen con la maledicencia propia de un macartismo rancio. Algunos ejemplos: acá , acá y acá .
Sarlo sobredimensiona a los “intelectuales” pero acierta en señalar la importancia que estos referentes sociales ejercen sobre la opinión pública.
El lento renunciamiento de actores y actrices “ideologizados” a compartir con Mirtha Legrand su mesa de almuerzos no sólo horada la credibilidad de la diva sino que además marca una paradoja entre quienes eligen seguir yendo. Dentro de poco la pregunta cambiará del “¿por qué no vas más?” al “¿Por qué fuiste de vuelta?”.
Cada vez más mesas temáticas de libros de autoayuda, astrólogos, políticos de derecha o extrema izquierda, o satélites fugaces de Ideas del Sur, depararán los mediodías de América.
Cuando Mirtha machaca “esto entre colegas no lo viví nunca”, cuando infiere que el Gobierno está detrás al recomendarle a Cristina “que pare esto”, o deja entrever que existe “una mano negra”, se señala un cambio de paradigma.
No es de extrañar entonces que desde diversos sectores del periodismo canalla se trate todo el tiempo de mancillar con tapas, rumores, noticias refritadas o sepultadas, informaciones que corren el eje de la discusión.
Cuando Mirtha le espetó que “los desaparecidos estaban pasados de moda”, y que como era “muy de izquierda” no la invitaban de ningún lado, no imaginó que caería sobre ella la maldición de Cecilia Rossetto. Su sentencia se transformó en decenas de actores que por “muy ideologizados” se desinvitan de sus almuerzos, aunque todavía los sigan llamando.
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