Escrito como un diario de iniciación que abarca doce días y que da cuenta de la experiencia del aprendizaje de la caligrafía chino-japonesa, "un arte puente entre la pintura y la escritura literaria", Fudekara se revela como una manera singular de observar el mundo y registrarlo: "Al escribir observo. Después, voy hacia tierras marcadas con signos invisibles". Continuidad de esa trama, breve pero intensa, consistente pero también fluida y móvil, que ha ido tejiendo toda la obra de Liliana Ponce, este libro incluye --otro rasgo singular--, un ensayo de la propia autora sobre la escritura ideogramática, "como un sistema trazado en el umbral de la poesía".
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